El calor dejó de ser una excepción para transformarse en una constante. Así lo confirma la Dirección Meteorológica de Chile, que proyecta para el primer trimestre de 2026 temperaturas máximas sobre lo normal en gran parte del país, con episodios de calor más frecuentes e intensos. Un escenario que no solo redefine los veranos, sino que también tensiona el consumo energético de los hogares, cada vez más dependientes de ventiladores y aire acondicionado para sobrevivir a jornadas extremas.
El impacto ya comienza a sentirse en las cuentas de la luz. De acuerdo con estimaciones del Centro Tecnológico Kipus de la Universidad de Talca, el uso intensivo de equipos de climatización podría generar hasta un 85% más de consumo energético durante los meses más calurosos del año. Una cifra que prende alertas en un contexto de alza sostenida de tarifas eléctricas y de una crisis climática que empuja a repensar cómo habitamos nuestras viviendas.
En ese marco, el foco empieza a desplazarse desde la climatización artificial hacia el acondicionamiento térmico de los hogares. Para Mauricio Medina, experto técnico de Poweroof, la clave está en atacar el problema desde su origen. Preparar las viviendas frente al aumento de temperaturas y radiación permite reducir la carga térmica interior, limitar el uso de equipos eléctricos y mejorar la habitabilidad sin depender exclusivamente del consumo energético, una estrategia que gana terreno frente a los veranos cada vez más agresivos.
Uno de los puntos críticos es la techumbre. Diversos estudios urbanos han demostrado que los techos concentran gran parte de la acumulación térmica de una vivienda, funcionando como verdaderos radiadores durante el día. Soluciones de aislamiento térmico aplicadas directamente sobre la techumbre, como las que desarrolla Poweroof, han mostrado resultados concretos, logrando reducir la temperatura interior hasta en 15 grados Celsius. Esta disminución no solo mejora el confort en verano, sino que también reduce la pérdida de calor en invierno, impactando positivamente en la eficiencia energética anual del hogar y generando ahorros de hasta un 20% en la cuenta de electricidad.
El control del calor no se limita al techo. El manejo de la radiación solar al interior de las viviendas se ha vuelto otro factor decisivo. En ese sentido, las cortinas térmicas comienzan a posicionarse como una evolución de las clásicas blackout, ofreciendo una mayor capacidad de bloqueo del calor y contribuyendo a mantener temperaturas más estables durante el día, especialmente en espacios expuestos al sol directo.
A estas soluciones se suman estrategias naturales que vuelven a cobrar valor en medio del debate climático. El uso de plantas de interior como helechos, ficus, sansevierias o potus no solo cumple una función estética, sino que también ayuda a reducir la temperatura ambiente y mejorar la calidad del aire, aportando a un enfriamiento pasivo que dialoga con una forma más sostenible de habitar los espacios.
Finalmente, la eficiencia también pasa por los hábitos cotidianos. Reducir el uso de electrodomésticos durante las horas de mayor calor y optar por iluminación LED permite disminuir la carga térmica interior y el consumo eléctrico asociado. Pequeñas decisiones que, en conjunto, marcan la diferencia en un país que se prepara para convivir con veranos más largos, más intensos y energéticamente más demandantes.
En un Chile que se recalienta año tras año, el desafío ya no es solo sobrevivir al calor, sino adaptarse de forma inteligente. La vivienda, como primer refugio frente al clima, se instala así en el centro de una discusión que cruza energía, bienestar y futuro.