Aunque muchos conocieron al Cordyceps por su versión apocalíptica en la serie “The Last of Us”, donde el hongo era responsable de una pandemia global, la realidad del mundo fungi es mucho más rica, diversa y útil de lo que la ficción sugiere. Con más de 144.000 especies conocidas, los hongos habitan un universo poco explorado que va desde lo gastronómico hasta lo medicinal, ofreciendo beneficios que aún están en proceso de ser completamente comprendidos por la ciencia.

Fernando Ortiz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, destaca que, si bien hay especies comestibles altamente nutritivas como el champiñón de París, el shiitake, el portobello o el hongo ostra, también existen otras que pueden ser mortales. La diferencia no siempre es evidente, por lo que recomienda evitar el consumo de cualquier hongo silvestre sin el respaldo de especialistas. De hecho, ejemplares del mismo género pueden variar enormemente en su toxicidad. Mientras el Agaricus bisporus es completamente seguro, su “primo” Agaricus xanthodermapuede causar serias intoxicaciones gastrointestinales.

El mundo de los hongos adaptógenos, como el reishi, la melena de león o la cola de pavo, ha ganado terreno en la cultura del bienestar. Se consumen en gotas o cápsulas y se les atribuyen propiedades como la reducción del estrés, el fortalecimiento del sistema inmunológico y la mejora de la concentración. Ortiz señala que si bien estos efectos son prometedores, aún se requiere más evidencia científica para avalar su uso como tratamientos formales para enfermedades como el cáncer o trastornos neurológicos. Hasta ahora, su consumo como nutracéutico, es decir, como complemento dietético, se considera seguro siempre que no sustituya terapias médicas convencionales.

Más allá de su aporte en vitaminas, fibra y proteínas, investigaciones recientes sugieren que los hongos pueden ayudar a controlar la presión arterial, prevenir accidentes cerebrovasculares y aportar propiedades antibacterianas. Ortiz invita a quienes deseen cultivarlos en casa a hacerlo, pero siempre asesorados por expertos. En Chile existen organizaciones como Fundación Fungi y la ONG Micófilos que promueven el cultivo responsable y la educación sobre estas especies.

El potencial de los hongos parece estar solo comenzando a desplegarse. Desde el plato hasta el laboratorio, este reino biológico ofrece una promesa silenciosa de salud, siempre y cuando se aborde con respeto, ciencia y conocimiento.