Archive for diciembre, 2025

Responsabilidad parental en cifras

A poco más de tres años de la entrada en vigencia del Registro Nacional de Deudores de Pensiones de Alimentos, el balance que entrega el gobierno es claro: una política pública que incomodó, tensionó y finalmente empezó a mover una estructura cultural profundamente arraigada. Así lo sostuvo la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Antonia Orellana, en el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, donde abordó los impactos concretos de una herramienta que ha permitido identificar deudores, forzar pagos y transferir recursos directamente a niños, niñas y adolescentes.

La Ley 21.389, que comenzó a regir el 21 de noviembre de 2022, creó un sistema electrónico gratuito administrado por el Registro Civil, destinado a inscribir a quienes adeudan pensiones de alimentos por tres meses continuos o cinco discontinuos, siempre que exista una causa en tribunales de familia. Su alcance no es menor: el registro puede ser consultado por instituciones públicas y privadas obligadas por ley, como tribunales, bancos, notarías, municipalidades y servicios financieros, cerrando espacios históricos de evasión.

Las consecuencias de figurar en este registro no pasan desapercibidas. Retención de devoluciones de impuestos, imposibilidad de obtener o renovar licencia de conducir o pasaporte, y bloqueo de operaciones de crédito desde las 50 UF son parte de las sanciones. Para la ministra, estas medidas dialogan directamente con una normalización cultural del incumplimiento. “Es un fenómeno que está muy arraigado en la cultura de nuestro país. Incluso desde la cultura popular, ‘papito corazón’ para algunos sigue siendo un nombre gracioso, asociado a la pillería de esconderse para no responder ante la justicia”, señaló Orellana.

Las cifras respaldan el impacto. Desde noviembre de 2022 se han inscrito 331.787 deudas, de las cuales 226.680 fueron canceladas o llegaron a acuerdo de pago, lo que equivale a una tasa de resolución del 68,32%. En términos simples, siete de cada diez inscripciones terminan resolviéndose. Hoy existen 295.263 deudores vigentes, de los cuales el 95,3% son hombres y el 4,7% mujeres, un dato que vuelve a poner sobre la mesa la dimensión de género del problema.

La ministra también reconoció que el camino no estuvo exento de ajustes. “Cuando se aprobó la ley durante el gobierno del Presidente Piñera, el registro no permitía salir una vez inscrito. Era como un Dicom histórico. Nosotras lo pusimos en marcha, pese a que no traía recursos, y rápidamente identificamos ese problema”, relató, destacando el rol del Registro Civil para corregir una falla estructural que podía transformar una herramienta de cumplimiento en un castigo permanente.

El verdadero punto de inflexión llegó en mayo de 2023 con la entrada en vigencia de la Ley 21.484 de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo, conocida como Ley Papito Corazón. Esta normativa habilitó a los tribunales para ordenar de oficio el pago de las deudas desde cuentas bancarias, instrumentos financieros, APV e incluso, en ciertos casos, desde los fondos previsionales obligatorios del deudor. A noviembre de 2025, el Poder Judicial ha ordenado pagos por más de 2,9 billones de pesos, equivalentes a más de 62 teletones, beneficiando a más de 322 mil familias en todo el país.

“Gracias a este mecanismo, los tribunales han logrado que el pago se ejecute efectivamente. ¿A dónde van estos recursos? A la cuenta de los niños y niñas a quienes se les debía la pensión”, subrayó Orellana. Sin embargo, el desafío persiste: un 26,33% de quienes cancelaron reincidió y volvió a ingresar al registro. Con la mayor concentración de deudores en la Región Metropolitana, seguida por Valparaíso y Biobío, el mensaje del gobierno apunta a consolidar lo avanzado. “Siete de cada diez casos se resuelven. Eso muestra que las herramientas funcionan, pero también que debemos seguir reforzando el cambio cultural y el cumplimiento efectivo de las responsabilidades parentales”, concluyó la ministra.

Una plataforma nacional para anticipar el clima espacial

En un país donde el transporte, la minería, la logística, la pesca y la agricultura dependen cada vez más de sistemas de posicionamiento satelital y redes de conectividad, el clima espacial dejó de ser un asunto lejano. Las tormentas solares y perturbaciones geomagnéticas pueden alterar la precisión del GNSS, provocar interrupciones en las comunicaciones y afectar sistemas críticos. El problema es conocido por la comunidad científica local, pero hasta ahora Chile no contaba con una tecnología propia capaz de anticipar estos eventos y mitigar sus efectos en tiempo real.

Ese vacío es el que busca abordar el proyecto Fondef “Desarrollo e Implementación de Plataforma de Meteorología Espacial en Chile”, que se desarrolla con participación de la Universidad de Santiago de Chile, la Universidad Adventista de Chile como institución principal, la Universidad de Chile y la Dirección Meteorológica de Chile como entidad asociada. La iniciativa cuenta además con el apoyo institucional de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach, a través de su Dirección de Gestión Tecnológica.

La meta es concreta: levantar una plataforma piloto que permita monitorear en tiempo real el clima espacial, generar alertas tempranas y ofrecer una base de datos abierta tanto para la comunidad científica como para organismos públicos y privados. A través de este sistema, los usuarios podrán acceder a reportes sobre eventos solares, tormentas geomagnéticas, impactos esperados y recomendaciones de mitigación, integrando ciencia dura con aplicaciones prácticas.

El proyecto articula capacidades que hasta ahora estaban dispersas. “Nuestro aporte como equipo Usach estará centrado en el estudio del viento solar y la magnetósfera, mientras que el Dr. Manuel Bravo, investigador de la Universidad Adventista de Chile y director del proyecto, contribuirá con su experiencia en investigación de la ionósfera, área en la cual es uno de los mayores expertos a nivel latinoamericano”, señala la Dra. Marina Stepanova, directora alterna de la iniciativa. A esto se suma el fortalecimiento de la instrumentación científica local, con repositorios de datos y desarrollo de sensores que permitirán robustecer la observación espacial desde Chile.

Más allá del despliegue tecnológico, el impacto esperado apunta a la autonomía. “Este tipo de proyectos nos permite avanzar desde la ciencia básica hacia soluciones aplicadas con impacto directo en la sociedad. Queremos generar una herramienta que no solo aporte al conocimiento científico, sino que también al desarrollo y la seguridad tecnológica del país”, añade el Dr. Víctor Pinto. En la práctica, la plataforma permitiría reducir la dependencia de mediciones provenientes de Estados Unidos y Europa, y aportar datos propios a las redes globales para mejorar la precisión de las predicciones.

La proyección es multisectorial y de largo plazo. Sectores como el marítimo y aeronáutico podrían anticipar disrupciones en navegación y comunicaciones, mientras que industrias que dependen de la geolocalización tendrían margen para prever errores operativos. Al mismo tiempo, el proyecto fortalece la formación de capital humano avanzado, integrando a estudiantes de pre y postgrado en el desarrollo de modelos científicos. Si todo avanza según lo previsto, el sistema podría operar en conjunto con la Dirección Meteorológica de Chile, marcando un punto de inflexión en la capacidad del país para anticipar riesgos, reducir vulnerabilidades y leer —con mayor precisión— lo que ocurre más allá de la atmósfera.

Valparaíso vuelve a encender la alarma sobre drogas y transporte público

Valparaíso carga otra vez con una herida abierta. El 15 de mayo de 2024, el puerto fue escenario de una tragedia que estremeció a la ciudad: Mauro Alberto Gómez, un adolescente de 14 años, murió tras ser atropellado por un microbús en el Cerro Alegre. El conductor, Humberto Fuenzalida Ojeda, de 54 años, manejaba bajo los efectos de la cocaína y la marihuana. Meses después, el pasado 4 de diciembre, una historia igual de brutal volvió a repetirse con la muerte de Paloma Ulloa, universitaria de 19 años, también atropellada por un chofer de buses que se encontraba drogado.

Ambos casos no solo remecieron a la opinión pública, sino que empujaron nuevamente al centro del debate una iniciativa que llevaba tiempo dormida en el Congreso: el proyecto de ley Alberto, nombrado así en memoria de Mauro Gómez. La seguidilla de muertes terminó por acelerar los tiempos políticos y el Gobierno decidió ponerle urgencia a una propuesta que busca endurecer el control sobre los conductores del transporte público.

El corazón del proyecto es claro y directo. La iniciativa, impulsada por la diputada Carolina Marzán, establece que las empresas de transporte deberán realizar y financiar, cada seis meses, test de detección de drogas a sus conductores. Además, contempla la creación de un registro de estos controles, información que deberá ser puesta a disposición de las autoridades competentes, junto con un régimen de sanciones que va desde multas hasta la revocación de la autorización para operar en caso de reincidencia.

La discusión no es solo legal, sino también sanitaria. En conversación con Diario Usach, el toxicólogo y académico de la Facultad de Química y Biología de la Usach, Leonel Rojo, explicó que los efectos de las drogas al conducir pueden variar ampliamente según la sustancia y su combinación con alcohol. “Algunas sustancias aumentan el efecto depresor del etanol y otras lo contrarrestan. Las anfetaminas tienden a estimular la atención y vigilia de las personas. Los derivados de la morfina, el fentanilo, el diazepam y los antihistamínicos aumentan los efectos depresores del alcohol y, por eso, afectan negativamente a la conducción”, señaló.

Rojo añadió que a este listado se suman medicamentos y drogas de uso relativamente común, como el clonazepam, la clorfenamina, los antiepilépticos, la codeína, la ketamina y distintos opioides, todos con potencial impacto negativo en la capacidad de reacción y toma de decisiones al volante. Un escenario que vuelve especialmente delicada la conducción de vehículos de transporte público, donde el riesgo no es individual, sino colectivo.

Desde el punto de vista normativo, la legislación chilena ya establece prohibiciones explícitas. La Ley de Tránsito 18.290 sanciona la conducción bajo la influencia del alcohol o de sustancias estupefacientes y psicotrópicas. Sin embargo, para Daniel Arancibia, ingeniero civil en Geografía y académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial de la Usach, el problema no es solo la existencia de la norma, sino su aplicación efectiva. “La legislación chilena estipula penas de cárcel, multas y la suspensión o cancelación de la licencia, todo de acuerdo y al nivel de la falta”, explicó, agregando que las atenuantes se evalúan en función de “la peligrosidad para la sociedad que puede tener un conductor”.

La urgencia legislativa impuesta por el Ejecutivo busca precisamente cerrar esa brecha. Según Arancibia, la señal es inequívoca: “La Moneda le está exigiendo al Congreso su discusión y despacho en un plazo no mayor al de los 15 días”. Una carrera contra el tiempo que, para muchos, responde a una sensación de deuda acumulada frente a tragedias que ya no se perciben como hechos aislados.

Para Leonel Rojo, el foco debe estar en la prevención sistemática. En el cierre de la discusión, el académico fue enfático al señalar que, frente a la realidad que vive el país, es fundamental “que los empleadores implementen controles periódicos de drogas en orina para sus conductores”. Una frase que resume el espíritu del proyecto Alberto y que hoy, tras dos muertes que marcaron a Valparaíso, suena menos a advertencia y más a urgencia impostergable.

La ruta de sideshows que marca el pulso alternativo de Lollapalooza 2026

La antesala de Lollapalooza Chile 2026 ya empezó a tomar forma y, como viene siendo costumbre, lo hizo con el pulso acelerado. Cinco fechas, cinco estilos y un solo impulso: expandir la experiencia del festival más allá del Parque Cerrillos y convertir a Santiago en una ciudad donde el indie, el post-punk, el pop alternativo y la electrónica se cruzan sin pedir permiso. La producción del festival anunció una nueva serie de sideshows que traerá a algunos de los nombres más influyentes de la escena global actual, abriendo una semana que promete sonar más fuerte que nunca.

La ruta comenzará el 11 de marzo en Sala Metrónomo con Viagra Boys, el colectivo sueco que ha reescrito las reglas del post-punk moderno a punta de ironía, ruido y un descaro escénico que bordea lo performático. Con discos como Street Worms y Cave World, el grupo ha logrado un lugar privilegiado dentro del rock actual, conquistando Europa y Estados Unidos mientras se transforman en uno de los actos más analizados, citados y celebrados de la última década. Su arribo a Chile anticipa una jornada sudorosa y catártica, de esas que dejan huella en el público. Las entradas ya están disponibles vía PassLine.

Un día después, el 12 de marzo, la misma sala recibirá una vibra completamente distinta. Men I Trust, el proyecto canadiense que se ha vuelto sinónimo del dream pop minimalista de la nueva era, aterriza con su sonido suave, atmosférico y construido con una precisión casi artesanal. Emma Proulx, con su voz etérea, encabeza una banda que pasó del circuito autodidacta de Quebec a convertirse en un referente global, acumulando millones de reproducciones y presencia en los festivales más prestigiosos del mundo. En la misma fecha, pero al otro extremo de la ciudad, Interpol tomará el Teatro Caupolicán con su elegancia oscura y su legado ya inscrito en los genes del rock de los 2000. Con discos insignes como Antics y Turn On the Bright Lights, Paul Banks y compañía regresan a Chile en un momento de plena vigencia, confirmando que su influencia sigue tan afilada como siempre. Las entradas se encuentran disponibles a través de Puntoticket.

La agenda continúa el 16 de marzo con una noche doble marcada por la estética digital y la nostalgia pop. En Blondie se presentará TV Girl, el trío estadounidense que convirtió el pop retro y la electrónica suave en un fenómeno global gracias a canciones que arrasan en TikTok como “Lovers Rock” y “Not Allowed”. Su mezcla de sampleos lo-fi, melodías cálidas y una identidad visual reconocible les ha permitido destacarse dentro del océano indie contemporáneo. Ese mismo día, en Teatro Coliseo, DJO —el proyecto musical de Joe Keery— desplegará el synth-pop psicodélico que ha conquistado tanto a la crítica especializada como al fandom que lo sigue desde su faceta actoral. Con discos como Twenty Twenty y DECIDE, Keery ha demostrado que su propuesta musical no es un anexo, sino una evolución natural hacia un sonido envolvente, cuidado y sorprendentemente maduro. Las entradas están disponibles en Puntoticket.

Con este lineup de sideshows, Lollapalooza Chile 2026 posiciona nuevamente la semana del festival como un ecosistema musical propio, donde la ciudad completa se convierte en un escenario extendido. La mezcla de generaciones, estilos y procedencias funciona como una cápsula del estado actual de la música global: diversa, impredecible y en permanente mutación. La oferta no solo complementa el festival principal, sino que amplía su alcance emocional y cultural, conectando directamente con audiencias que buscan experiencias más íntimas, más cercanas y más inmersivas que las de un gran parque repleto de asistentes.

La antesala ya está encendida y las expectativas crecen. Con estos anuncios, la edición 2026 reafirma que el pulso musical de Santiago no se queda contenido en un solo fin de semana, sino que vibra durante toda una semana que promete ser inolvidable.

Relaciones afectivas en un país políticamente fracturado

En tiempos donde la política parece dividir hasta a los grupos de WhatsApp familiares, algunas parejas jóvenes están demostrando que las diferencias ideológicas no necesariamente quiebran los vínculos afectivos. Daniela, psicóloga, y Gustavo, ingeniero, son ejemplo de ello. Comparten fines de semana entre cerros, viajes y sobremesas con amigos, pero cuando llega la hora de votar, se paran en veredas distintas. Ella eligió a Jeannette Jara en la primera vuelta del 16 de noviembre y repetirá su voto este 14 de diciembre. Él, en cambio, marcó por Evelyn Matthei y ahora apoya a José Antonio Kast. Lo sorprendente es que, pese a la polarización del país, la relación no se erosiona. “No estaría con alguien que es acérrimo fanático de Kast, sé que vota porque lo ve como la opción menos mala, pero no porque siga sus mismos ideales”, explica Daniela. Ese matiz —y el respeto— ha marcado la diferencia.

El fenómeno no es aislado. Las elecciones chilenas, cada vez más volátiles, están permeando la vida cotidiana y ofreciendo un retrato íntimo de cómo se negocian los desacuerdos en una sociedad tensionada. El académico y sociólogo Dante Castillo, de la Facultad de Humanidades de la Usach, confirma que la disparidad ideológica dentro de las parejas es más común entre generaciones recientes. “En la actualidad, la interacción de aspectos personales e individuales ha disminuido la influencia de la opción política en la consolidación de una relación de pareja”, señala. Es decir, hoy el amor no está condicionado a la papeleta. Lo que pesa es la conexión emocional, la compatibilidad cotidiana y la capacidad de construir un proyecto común sin la exigencia de pensar igual.

Pero no todo es simple. La política, especialmente cuando se entrelaza con valores morales, puede convertirse en un campo minado. Psychology Today lo describe como una “tensión emocional donde entran en juego identidades, valores y experiencias previas”. Castillo agrega que esas diferencias pueden esconder dinámicas mucho más profundas. “Las diferencias en las opciones políticas pueden esconder dinámicas de poder que artificialmente se expresan como diferencias políticas”, sostiene. A veces, votar por otro candidato no es un gesto ideológico, sino una forma de marcar límites, independencia o incluso resistencia dentro de la relación.

A medida que el debate electoral se hace más agresivo en redes sociales, también se intensifica la discusión privada. Videos virales de “parejas de izquierda y derecha” se multiplican, poniendo en escena la pregunta de qué tan sostenible puede ser un vínculo afectivo cuando la política opera como un sello identitario. Castillo advierte que ese cruce puede transformarse en un problema serio. “Las diferencias políticas pueden sentirse como un ataque o una traición a nivel personal, transformando el desacuerdo en una crisis de valores e identidad”, comenta. Esa sensación puede activar un círculo de decepción, resentimiento o silencios estratégicos.

Frente a ese ruido, algunas parejas han optado por blindar ciertos espacios. Conversan, sí, pero sin entrar en el “modo debate”. Otras han delimitado horarios sin política, especialmente en semanas críticas como la previa al balotaje. Están quienes aceptan que nunca van a convencer al otro y que el foco debe estar en la relación, no en ganar una discusión que podría durar años. Castillo insiste en que la clave es el cuidado mutuo. “La pareja debe comprometerse a prohibir la burla o el insulto. Cuestionar una postura política no debe confundirse con un ataque a la relación”. Sin respeto, dice, la conversación se vuelve trinchera.

Para el académico, la ruta hacia una convivencia sana no pasa por coincidir, sino por desacordar mejor. Separar la política del valor moral permite que ambos entiendan que pueden querer lo mismo —seguridad, justicia, estabilidad— aunque difieran en cómo alcanzarlo. Practicar la escucha activa sin reducir al otro a una etiqueta es fundamental. Y no perder de vista el proyecto común también sostiene el vínculo en medio del caos electoral. Como sintetiza Castillo, el verdadero desafío es “aceptar la diferencia con respeto y evitar que la opción política afecte la intimidad de la pareja”. En un país cada vez más crispado, tal vez ahí se esconda una lección mayor: si el amor sobrevive a la polarización, quizás la sociedad también pueda hacerlo.

Visibles marca un nuevo estándar de apoyo para personas LGBTIQA+ en Santiago

En un país donde la discriminación aún marca el ritmo de muchas experiencias cotidianas, la Universidad de Santiago vuelve a mover el piso desde la política pública y la inclusión. Esta vez lo hace con Visibles, un programa que ofrece orientación social y jurídica gratuita a personas LGBTIQA+ de toda la Región Metropolitana, en una alianza inédita entre la Dirección de Género, Equidad y Diversidad (DGDE) de la Usach y el Gobierno de Santiago. No se trata solo de trámites ni de formularios. Es una puerta real a derechos que, para miles, siguen siendo demasiado difíciles de alcanzar.

El programa está dirigido a todas las personas LGBTIQA+, incluyendo orientaciones sexuales diversas, identidades de género no normativas y cuerpos con variaciones en sus características sexuales, como las personas intersex. Visibles nace tras dos años de trabajo de base, investigación cualitativa y escucha activa. “Durante dos años se levantaron necesidades, demandas y propuestas de estas actorías sociales, insumos que permitieron estructurar los componentes que hoy ejecutamos desde la academia”, explicó Johanna Chacón, directora del Departamento de Género, Diversidad y Equidad de la Usach. Ese diagnóstico, recogido desde experiencias concretas y no desde la teoría, se transformó en un programa con impacto directo en la vida de las personas.

La iniciativa se levanta con un objetivo claro: reducir las barreras que históricamente han enfrentado las disidencias sexuales y de género en el acceso a beneficios estatales, justicia, empleo y acompañamientos especializados. “A través de sus distintos componentes, buscamos que estas comunidades accedan a apoyos concretos, fortalezcan su autonomía y enfrenten menos situaciones de discriminación en una región tan diversa como la nuestra”, puntualizó Chacón. En un contexto donde las violencias y la burocracia siguen operando como filtros de acceso, este tipo de programas son un contrapeso necesario y urgente.

El lema que articula Visibles —Ver personas, no prejuicios— opera como una declaración política y ética. Es una invitación frontal a desmontar estigmas que se reproducen incluso en instituciones que deberían proteger. “La frase busca transmitir que las personas LGBTIQA+ son, ante todo, personas con derechos, con protección legal y merecedoras de un trato digno. Invita a dejar atrás prejuicios basados en la orientación sexual, la identidad de género o las características sexuales, y a comprender que vivimos en una región diversa en la que ninguna persona debe ser objeto de discriminación”, enfatizó Chacón. En un Chile donde aún se discuten derechos básicos, el mensaje cobra una fuerza que incomoda, pero necesaria para avanzar.

El programa ya está en funcionamiento y ofrece servicios como orientación en beneficios sociales, procesos de transición, postulación a becas y subsidios, apoyo en programas de inclusión, así como asesorías jurídicas gratuitas en casos de discriminación, cambio de nombre legal o formalización de emprendimientos LGBTIQA+. Las personas interesadas pueden solicitar hora a través de los formularios oficiales disponibles en sus plataformas. Más allá del acceso puntual, lo que ofrece Visibles es acompañamiento informado, libre de prejuicios y con un enfoque de derechos.

El 2025 traerá una expansión significativa. Se sumará apoyo psicológico especializado para personas LGBTIQA+, un servicio largamente esperado en comunidades donde la salud mental sigue siendo una urgencia. Además, se realizará la primera Feria de Empleos sin prejuicios, un espacio donde empresas comprometidas con la inclusión recibirán currículums sin filtros discriminatorios y donde se ofrecerá orientación laboral y charlas sobre empleabilidad, entrevistas y LinkedIn. La agenda también incluye el podcast Voces Visibles, transmitido los miércoles y sábados a las 14:00 horas por Radio Usach y radios comunitarias, disponible en línea para llegar a más territorios. Con una narrativa ágil y voces diversas, el espacio se proyecta como un soporte clave para visibilizar experiencias, relatos y desafíos de la comunidad.

Lo que construye Visibles no es solo un programa universitario, sino un modelo posible de acceso a derechos para una ciudad que todavía arrastra estructuras excludentes. Es una invitación a mirar distinto, a escuchar con más cuidado y a actuar con responsabilidad colectiva. Porque en una región tan diversa como Santiago, la igualdad real no puede seguir siendo una promesa aplazada.

Pulsar 2025 confirma su sitial como el epicentro de la música en Chile

La Feria Pulsar 2025 bajó el telón con la contundencia de un evento que sabe exactamente lo que representa: una vitrina de industria, un punto de encuentro cultural y un termómetro emocional para entender en qué está la música chilena hoy. En su edición número quince, el encuentro organizado por SCD no solo celebró años, sino también una evolución que se siente en el aire. Este domingo, la jornada final explotó en ritmos que cruzaron generaciones, géneros y memorias colectivas, dejando claro por qué este evento ya es parte del ADN musical del país.

La tarde abrió con uno de esos momentos que solo Pulsar puede articular: Quilapayún, con más de seis décadas de historia, transformó el escenario Santander en un coro transversal donde convivieron adolescentes, adultos jóvenes y veteranos de la canción política. “El pueblo unido” y “La muralla” resonaron con la misma fuerza que en los tiempos duros, pero ahora bajo nuevas lecturas y un público que sigue encontrando refugio y resistencia en esas letras. A esa intensidad le siguió un cierre cargado de luminosidad pop con el regreso de Dënver, quienes retomaron el mando con una puesta en escena precisa, estética y emocionante, repasando hits como “Revista de gimnasia”, “Los adolescentes” y “Los vampiros”, confirmando que su imaginario sigue completamente vigente en la escena local.

Mientras el Santander vibraba en esa dualidad entre historia y futuro, el escenario SCD vivía otro clímax. Ana Tijoux, en una presentación afilada y sobria, reafirmó su poder escénico frente a un público que la recibió como una de las figuras más queridas ─y respetadas─ del panorama nacional. Sus interpretaciones de “1977” y “Sacar la voz” fueron coreadas con fervor, pero el momento que tensó la fibra emocional fue “La rosa de los vientos”, un guiño a Makiza que se sintió como un puente directo entre pasado y presente. Tijoux no solo ofreció un concierto, sino una declaración de estilo, conciencia y oficio.

El cierre dominical, sin embargo, no se limitó a los nombres grandes. Bandas como Electrodomésticos, Yajaira, Niños del Cerro, Chinoy, La Ciencia Simple y Catalina y las Bordonas de Oro entregaron capas esenciales a la narrativa del día, construyendo esa mezcla única entre underground, clásicos de culto y nuevas corrientes. A su alrededor, la feria se movió entre talleres, firmas de discos, paneles y encuentros creativos que convirtieron Espacio Riesco en una ciudad musical por tres días. Actividades como la charla “Del ensayo al escritorio: cómo se graba un Tiny Desk”, protagonizada por parte del equipo detrás del fenómeno de 31 Minutos, o la íntima sesión “Creación de letras con Pedropiedra”, funcionaron como pequeños laboratorios donde se compartieron métodos, experiencias y aprendizajes.

Luego del apagado de escenario y la última salida de público, Rodrigo Osorio, presidente de SCD, destacó el espíritu que atravesó toda la edición. “Estamos realmente felices con lo que vivimos en estos tres días, porque vimos a una industria de la música compenetrada, con ganas de remar juntos y entender mejor los desafíos de este ecosistema que entre todos impulsamos. Pero lo mejor de todo es que la gente también ha entendido de qué se trata este evento, que es mucho más que un cartel digno de un festival. Acá se vive la música en toda su dimensión y la audiencia ha sido parte de eso, tanto los fans habituales de Pulsar, como las nuevas generaciones que en esta edición se integraron”, señaló. Ese cruce intergeneracional se transformó en uno de los sellos más nítidos de la versión 2025.

En total, fueron 37 conciertos los que dieron forma al corazón de esta edición, con nombres tan diversos como Javiera Mena, Saiko, De Saloon, FaceBrooklyn, Joe Vasconcellos, Francisco Victoria y Panico, una línea curatorial que confirmó el estado expansivo de la escena nacional. A eso se sumaron decenas de actividades formativas, lanzamientos, mesas de conversación y la presencia estelar de Humberto Gatica, uno de los productores chilenos más influyentes del circuito global. Con su cierre, Pulsar reafirmó por qué hoy es uno de los hitos culturales y de industria más relevantes del país: una plataforma que contiene pasado, presente y futuro sin perder su identidad colectiva.

La batalla por un estacionamiento reservado en un país que aún normaliza la viveza

En Santiago y en cualquier ciudad chilena, basta caminar por un mall, un centro de salud o un supermercado para ver una escena que se repite con vergonzosa normalidad: autos sin credencial estacionados en espacios reservados para personas con discapacidad. Es una postal tan cotidiana que ya ni sorprende, pero que vuelve a instalarse con fuerza tras la advertencia pública de la Fundación Chilena de la Discapacidad (FCHD), que denunció el aumento sostenido de estas infracciones. El organismo no solo expone un problema cultural, sino una falla estructural del país para garantizar accesibilidad real.

Chile tiene 3.291.602 personas con discapacidad según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia de 2022. Muchas de ellas dependen de estos estacionamientos para desplazarse con autonomía y seguridad. Aun así, su uso indebido se ha convertido en una práctica recurrente. El presidente de la FCHD, Matías Poblete, lo resume sin rodeos. “Estamos recibiendo denuncias de manera constante, y eso que la multa por la mal utilización de estos espacios es bastante cara. Y si hay una reiteración, ese valor se incrementa más”, sostuvo a Diario Usach. La Ley de Tránsito clasifica esta acción como “falta grave”, con sanciones entre 1 y 1,5 UTM, lo que equivale a un rango que supera los 100 mil pesos en casos reiterados.

Las reglas son claras, aunque la calle indique lo contrario. Solo pueden ocupar estos estacionamientos quienes cuenten con la credencial oficial de discapacidad emitida por el Registro Civil, previa inscripción en el Registro Nacional de la Discapacidad. El documento debe exhibirse en el parabrisas, no basta una fotocopia y menos el símbolo de la “cruz de malta”, que —por más tradición que tenga— no posee validez legal. Tampoco está permitido que embarazadas ni adultos mayores utilicen estos espacios. Sin embargo, la realidad muestra que el problema está lejos de resolverse.

Cuando se pregunta por qué esta práctica persiste, surgen teorías que van desde el desconocimiento de la normativa hasta la clásica excusa del “solo será un minuto”. Pero para Poblete, el origen está en una falla institucional más profunda. El informe “Análisis del Cumplimiento de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en Chile”, publicado recientemente por la FCHD, sostiene que el país “no cumple plenamente el artículo N°8 de la CDPD porque las acciones de sensibilización sobre discapacidad son esporádicas, no forman parte de una política sostenida y carecen de coordinación, evaluación y alcance nacional”. En otras palabras, no existe una estrategia continua que eduque, fiscalice y transforme la conducta social.

A eso se suma una fiscalización que, según los propios afectados, simplemente no alcanza. “Esa labor corresponde principalmente a Carabineros de Chile y a los funcionarios municipales, con calidad de inspectores, habilitados para cursar multas”, señala Poblete. Pero en la práctica, la vigilancia es escasa y el control casi inexistente. El resultado es un ecosistema que normaliza la infracción, donde la falta de consecuencias alimenta la impunidad cotidiana.

Desde la academia también alertan sobre la necesidad de cambiar el enfoque. Américo Ibarra, académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la USACH, plantea que mejorar el sistema exige “fortalecimiento de los procesos de fiscalización y del uso de tecnología que permita contar con registros de las infracciones (a través de fotografías); el establecimiento de mecanismos y sanciones ejemplificadoras; el mejoramiento de las campañas de sensibilización (entendiendo que esto se trata de un problema cultural); y la aplicación de estrategias formativas desde el colegio”. Su diagnóstico no solo refleja la urgencia del tema, sino que recuerda que la accesibilidad es también un producto de la educación.

La paradoja se vuelve aún más evidente cuando se contrasta con gestos de solidaridad masiva. La madrugada del 30 de noviembre, Chile celebraba el éxito de la Teletón y la recaudación de $44.253.268.546. Un evento que moviliza al país entero a donar, empatizar y abrazar una causa común. Sin embargo, en la calle, en la vida diaria, ese mismo compromiso parece diluirse. “En el país no existe mucha cultura de los estacionamientos exclusivos. En general, no se respetan ni para los casos de discapacidad, adultos mayores o embarazadas. En muchas ocasiones, el chileno aplica la lógica de la ‘viveza’ y se autoexplica que su accionar se prolongará ‘por un par de minutos’. Así, además, piensa que esta práctica no generará ningún tipo tensión o conflicto”, señala Ibarra, quien además subraya la falta de control y sanción ante esta conducta.

Si Chile es capaz de movilizar millones en nombre de la inclusión, también debería ser capaz de respetar algo tan básico como un estacionamiento reservado. La pregunta ya no es por qué ocurre, sino cuánto tiempo más aceptaremos que este tipo de atropellos sigan formando parte del paisaje urbano sin consecuencias reales.

Ciencia chilena abre camino a la primera terapia celular para recuperar la visión

En un país donde miles de personas viven con daño corneal severo sin opciones terapéuticas reales, un proyecto científico chileno comienza a reescribir ese destino. La Universidad de Santiago de Chile, a través de su Facultad de Ciencias Médicas, junto al Centro de Nanociencia y Nanotecnología CEDENNA, está liderando un avance inédito: el cultivo en laboratorio de células totipotenciales y pluripotenciales del limbo corneal capaces de regenerar la superficie del ojo. Es una apuesta que cruza ciencia de frontera, innovación pública y cooperación clínica, respaldada por financiamiento de CORFO y articulada por un ecosistema que rara vez coincide con esta profundidad.

En Chile, más de 6.000 personas conviven con insuficiencia limbar corneal bilateral, una patología que destruye la capacidad del ojo de renovar su superficie. Las consecuencias son dolor constante, fotofobia extrema y pérdida progresiva de la visión. Actualmente, los tratamientos disponibles solo alivian síntomas, pero no reparan el daño. Por eso, el proyecto no solo representa un avance científico, sino un gesto concreto hacia una deuda histórica en salud visual: ofrecer una terapia con potencial real de reversión.

El corazón tecnológico de la iniciativa está en el laboratorio biomédico de CEDENNA, donde se han implementado las condiciones necesarias para cultivar y diferenciar células del limbo corneal. La idea es replicar su proceso natural de renovación para luego implantarlas en pacientes con daño severo. Si la técnica resulta exitosa, estas células podrían restablecer la capa epitelial de la córnea y devolver funcionalidad visual a personas que hoy no tienen alternativa terapéutica. Se trata de una propuesta que integra biología celular avanzada, nanotecnología aplicada y experiencia clínica de manera coordinada, algo inédito en el país.

El proyecto está liderado por el Dr. Osvaldo Berger (USACH) y la Dra. Patricia Díaz (CEDENNA), quienes han logrado unir capacidades científicas y médicas que tradicionalmente han trabajado en paralelo. La colaboración con la Clínica Pasteur y Fundación Córnea Chile asegura el puente con pacientes y con los escenarios reales donde esta tecnología deberá demostrar resultados. La participación de estas instituciones también refuerza el carácter aplicado del proyecto, una dimensión clave para que la innovación salga del laboratorio y llegue efectivamente a quienes la necesitan.

El financiamiento recibido a través del programa “Crea y Valida” de CORFO consolida este esfuerzo como un ejemplo de cómo la inversión pública puede activar ecosistemas de salud avanzada. Hoy el proyecto se encuentra en fase de estandarización de cultivos, un proceso exigente que definirá la seguridad y eficacia de la terapia. Si los plazos se cumplen, las primeras aplicaciones clínicas podrían comenzar el próximo año, una proyección que sitúa a Chile en un escenario que hace muy poco tiempo parecía irreal: producir terapias celulares de manera autónoma y con estándares internacionales.

De concretarse, esta será la primera terapia celular corneal desarrollada íntegramente en Chile. Su impacto no solo sería clínico, sino estructural: permitiría al país fortalecer su capacidad para producir biomedicina de alto nivel y sentar bases para futuras terapias regenerativas. Estamos ante un proyecto que mezcla rigor científico, visión de futuro y un profundo sentido social. Un recordatorio de que la innovación también puede ser un camino directo hacia una vida más digna para miles de personas.

Rosalía expande el mapa sonoro del pop con LUX y confirma dos noches en Santiago

Rosalía vuelve a mover el eje de la música pop mundial y lo hace con un proyecto que excede cualquier estándar previo. LUX TOUR 2026, su gira más ambiciosa hasta el momento, no solo confirma la potencia comercial y creativa de su nuevo álbum LUX, sino que la posiciona en un territorio reservado para quienes rompen moldes a escala planetaria. El anuncio de sus 42 conciertos en 17 países dejó en claro que el disco no es solo un éxito crítico: es un fenómeno cultural que continúa creciendo sin freno.

La propuesta de LUX ha sido descrita por la crítica como el paso definitivo de Rosalía hacia las grandes ligas de la innovación musical. Rolling Stone la calificó así: «Lux parece ser su propuesta más sorprendente hasta la fecha, repleta de historia y décadas de formación que le permiten combinar sonidos clásicos, referencias operísticas y 14 idiomas diferentes en un magnífico y conmovedor conjunto que se percibe como una obra de arte verdaderamente atemporal». La combinación entre orquesta sinfónica, colaboraciones de culto y producción contemporánea empuja el formato álbum hacia territorios poco explorados en la música mainstream.

El disco, grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Londres bajo la dirección de Daníel Bjarnason, evidencia una madurez artística que parece dialogar con la tradición clásica tanto como con las estéticas contemporáneas del pop global. La presencia de Björk, Carminho, Estrella Morente, Silvia Pérez Cruz, Yahritza, Yves Tumor y la Escolania de Montserrat suma capas estéticas que consolidan a Rosalía como una de las pocas artistas capaces de unir mundos aparentemente incompatibles sin perder identidad.

El impacto comercial de LUX también ha sido extraordinario. El álbum debutó en el número uno del Global Top Albums Chart de Spotify, logrando el mayor debut en streaming para una artista femenina en español. En distintos mercados europeos rompió récords históricos y alcanzó su mejor posicionamiento en Estados Unidos, una hazaña que demuestra que su propuesta trasciende la barrera idiomática y expande la presencia del pop en español a nuevos niveles de influencia.

Chile será una de las paradas claves del tour, con dos fechas en el Movistar Arena el 24 y 25 de julio de 2026. La preventa se realizará el 10 de diciembre a través de Puntoticket, mientras que la venta general comenzará al día siguiente. Considerando el historial de convocatorias de Rosalía—que agotó completamente su MOTOMAMI WORLD TOUR—todo indica que estas fechas podrían convertirse en algunas de las más demandadas de la temporada.

Con LUX TOUR 2026, Rosalía consolida un movimiento musical que redefine los límites del pop contemporáneo. Su obra abraza la complejidad, celebra la tradición y proyecta un futuro donde lo sinfónico y lo urbano, lo culto y lo popular, pueden convivir en un mismo cuerpo creativo. Su nuevo capítulo comienza con la fuerza de un fenómeno global y la sensibilidad de una artista que entiende el sonido como un territorio vivo, expansivo y profundamente emocional.