Archive for diciembre, 2025

Hacer comunidad a través del relato

La historia de Jephte Jeantelus no se cuenta desde el éxito pulido ni desde la épica fácil. Se arma, más bien, desde la constancia, el acento que no se borra y la urgencia de existir en un país que no siempre está preparado para escuchar. Haitiano, migrante, cantante, estudiante de comunicación audiovisual y fundador de JBC 24, Jephte encarna una de las tantas trayectorias de la diáspora africana en Chile: la de quienes llegan sin idioma, sin red y sin garantías, pero con una convicción clara de no desaparecer.

“Me cuesta mucho hablar español porque cuando llegué a Chile yo no había hablado nada”, dice sin rodeos. Aun así, insiste. “Hasta ahora no hablo perfecto, pero entendí algo. Pero yo creo que Chile me sigue bien”. La frase, sencilla y quebrada, condensa una experiencia compartida por miles de personas afrodescendientes que han hecho de Chile su lugar de residencia, aun cuando ese lugar no siempre devuelva la bienvenida de manera explícita. Para Jephte, el agradecimiento convive con la conciencia del esfuerzo: “El chileno nos ayuda, nos da oportunidad de estudiar, de todo. Gracias, a Chile”.

JBC 24 nace desde esa necesidad de narrarse. Primero como un proyecto colectivo, luego como una responsabilidad personal. “Al principio nosotros éramos tres… pero los dos se abandonaron la idea y bueno, ahora soy Jephte JBC 24”. Hoy, el nombre significa Jephte Broadcasting Channel y funciona como una plataforma que escribe sobre lo que ocurre en la comunidad haitiana en Chile, visibilizando artistas, procesos y luchas que rara vez entran en la agenda central. Este año, además, el proyecto dio un giro simbólico: pasar de destacar a “el mejor artista” a premiar a “la gente que hace algo bueno en Chile”.

Nada de eso ocurre sin costo. La octava edición del evento —la primera con premiación formal— se levantó sin sponsors, sin animadores y sin equipo completo. “Yo tenía que hacer todo para allá, para acá porque el evento tenía que hacer hoy”, relata. El financiamiento tampoco apareció como promesa cumplida. “Plan A era con los sponsor… no dice nada. Plan B era sacar el dinero en el sitio web… no se alcanza. Entonces plan C: mi plata”. La frase no busca victimizar, sino dejar constancia de una realidad habitual en los proyectos afrodescendientes: autogestión, desgaste y fe. “Gasto todo mi energía en este evento”, resume.

Pero hay heridas más profundas que el cansancio. Ser afrodescendiente en Chile implica, muchas veces, enfrentar el prejuicio directo. Jephte lo recuerda con nitidez. En la universidad, una profesora no le permitió rendir una evaluación práctica por llegar tarde, mientras que a una estudiante chilena sí. “Eso me marcó mucho. Yo me pregunto si por qué soy negro”. Antes, en Las Condes, mientras trabajaba arreglando casas, escuchó a una niña decirle a su madre: “Ay, mamá, ahí viene un perro negro”. No hubo insulto explícito, pero sí una violencia cotidiana que se incrusta. “Eso me quedó mal ese tiempo”, dice, sin dramatizar, pero sin olvidar.

Frente a ese escenario, la respuesta no ha sido el repliegue, sino la comunidad. “Lo más bueno es la unión de la comunidad afro”, afirma. Haitianos, venezolanos, colombianos, afrodescendientes que se reconocen en una historia compartida. “No importa si venimos de Haití, de Venezuela, de Colombia. Tenemos que unirnos, somos misma sangre”. En esa frase se cruza la memoria africana con la experiencia migrante en Chile, y se configura una identidad que no pide permiso para existir.

El cierre de su relato no es ingenuo ni grandilocuente. Es una advertencia y, al mismo tiempo, una invitación. “Si quieres hacer algo, dale todo tu alma y vas para adelante”, dice, recordando a su madre y el miedo de estudiar periodismo en un país donde ejercerlo puede costar la vida. Para las nuevas generaciones afrodescendientes que crecen o migran a Chile, su mensaje es claro: aprender de quienes van delante, insistir incluso cuando el camino se vuelve hostil y no soltar la voz. Porque en un país que todavía está aprendiendo a mirarse diverso, contar la propia historia también es una forma de resistencia.

El cabello como territorio de resistencia


En Chile, el cabello también es territorio político. María Gabriela Palma lo sabe y lo trabaja con las manos, la palabra y la paciencia de quien entiende que peinar no es solo estética, sino historia viva. Peluquera autodidacta especializada en cabellos con curvatura, rizados y crespos, su recorrido cruza migración, comunidad y una herencia afrodescendiente que en este país aún incomoda, se exotiza o se intenta domesticar. Desde su home studio y los espacios culturales que ha logrado habitar, María Gabriela propone algo simple y radical a la vez: que los cuerpos negros existan sin pedir permiso.

Llegó a Chile hace siete años, luego de un tránsito previo por Australia, con una maleta cargada de ideas y el pelo corto como gesto de reinicio. Desde entonces, cuatro de esos años los ha dedicado a trabajar activamente con comunidades afrodescendientes en el territorio. “Mi experiencia ha sido bastante reflexiva y de mucho aprendizaje, sobre todo en otros cuerpos y otras historias”, cuenta. En ese cruce, la estética se vuelve lenguaje común, incluso entre personas de distintos países. “Así no seamos del mismo país, podemos conectar a través de la estética y el cabello”, dice, marcando un punto clave de la diáspora africana en Chile: la comunidad se arma en el hacer.

No romantiza el proceso. Ser mujer, afrodescendiente y migrante implica abrir conversaciones incómodas en un país que muchas veces prefiere evitarlas. “Uno de los mayores desafíos como persona afrodescendiente en este territorio podría ser iniciar conversaciones incómodas”, explica, sin caer en el relato del país hostil, pero tampoco en la negación. El racismo, la discriminación y las microagresiones aparecen de forma cotidiana, especialmente en el mundo laboral, donde el cabello afro aún es leído como “desordenado” o “no profesional”. Frases como “¿no te vas a peinar?” o “no vengas con ese cabello a trabajar” siguen circulando, minando la autoestima desde lo pequeño.

La falta de representación es otra barrera persistente. María Gabriela es clara: no es común ver personas negras en la televisión chilena ni en campos laborales visibles. “No es constantes, no es que yo vea gente negra en la televisión o campos laborales”, afirma. Esa ausencia refuerza prejuicios y limita referentes, especialmente para las infancias afrodescendientes. Por eso su trabajo no se queda en el salón. Ha llevado su cuerpo y su emprendimiento a espacios como el Centro Cultural Gabriela Mistral, ferias afrodiásporicas y encuentros en Arica convocados por la única Oficina de Desarrollo Afrodescendiente del país, donde hablar de cabello es también hablar de racismo, historia y dignidad.

Su propuesta artística y laboral dialoga directamente con su identidad. Para ella, trabajar con estética es trabajar con autoestima. “Siempre he pensado que trabajar con estética es trabajar directamente con autoestima”, señala. Define la belleza negra como autocuidado, constancia e innovación, y entiende el cabello como un acto de afirmación política. “Cada vez que veo una mujer negra utilizando su cabello como objeto político de statement es súper poderoso”, dice. No se trata de imponer una forma, sino de habilitar la elección y el bienestar en cualquier espacio.

La discriminación, aclara, no siempre llega como un portazo. A veces es exotización, hipersexualización o comentarios que parecen halagos pero cargan prejuicio. “Eso todo está mal”, resume, apuntando a una mirada ajena que proyecta estereotipos sobre cuerpos que no se ajustan a la norma. Frente a eso, su respuesta ha sido selectiva y colectiva: elegir con quién relacionarse, construir comunidad y sostenerse económicamente desde un emprendimiento que valida las texturas y las historias.

El cierre de su relato no es una consigna abstracta, sino una invitación directa, especialmente a las nuevas generaciones. A las infancias y juventudes afrodescendientes les dice que sigan buscando su luz, que la belleza se reconoce de a poco y que equivocarse también es parte del camino. Y a la sociedad chilena, el mensaje es claro: “Empiecen a conversar, con el corazón abierto”. Salir de la burbuja, escuchar otros cuerpos y entender que la salvación no es individual, sino colectiva. En un país que aún aprende a mirarse diverso, María Gabriela sigue trenzando resistencia, identidad y futuro, mechón por mechón.

Corredores humanitarios y la difusa frontera entre control y protección

La propuesta del presidente electo José Antonio Kast de impulsar corredores humanitarios para enfrentar la crisis migratoria que vive Chile volvió a encender un debate que cruza la política, la academia y el terreno social. La idea tomó forma tras su viaje relámpago a Quito, con escala en Lima, y su reunión con el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa, donde planteó la necesidad de coordinar a los países de la región para facilitar el retorno de personas migrantes en situación irregular a sus países de origen, principalmente Venezuela.

Antes de regresar a Santiago, Kast fue explícito en el planteamiento. “Lo que hemos planteado en esta gira es ver cómo se puede realizar un corredor humanitario para las personas que están de manera irregular en Chile, en Perú, en Ecuador, puedan volver a su patria”, señaló, agregando que, pese a no reconocer al gobierno venezolano, espera que ese país “reciba a sus connacionales”. El énfasis en la coordinación regional busca instalar la iniciativa como una respuesta ordenada a un fenómeno que ha tensionado las capacidades del Estado chileno.

Sin embargo, la propuesta no tardó en generar reparos desde el mundo académico. En conversación con el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, la socióloga Daisy Margarit, directora del Magíster en Ciencias Sociales del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, puso en duda tanto la viabilidad como el carácter humanitario del concepto aplicado al contexto migratorio latinoamericano.

Desde su análisis, Margarit advierte que hablar de corredores humanitarios en migración puede ser confuso y hasta riesgoso si se importan modelos pensados para otras realidades. “No podemos aplicar medidas que funcionan en Europa de la misma forma que en América Latina. Las geografías, las distancias, las historias y las trayectorias migratorias son completamente distintas”, señaló, recordando recorridos extremos como el cruce del Darién o las caminatas que atraviesan Colombia, Ecuador y Perú rumbo al sur del continente.

Uno de los puntos más críticos, según la académica, es que estos corredores tienden a crear lo que denomina “espacios de la espera”, zonas donde las personas quedan detenidas en un limbo administrativo. “Son espacios que pueden volverse eternos y que también vulneran derechos. Aunque se garantice cierta protección, las personas pierden su derecho a la movilidad, y la movilidad es un derecho humano”, afirmó, marcando distancia con la narrativa de solución rápida que suele acompañar estas iniciativas.

En ese marco, Margarit plantea que estabilizar la migración a través de corredores puede derivar más en una lógica de control que en una respuesta genuinamente humanitaria. “Pensar en ‘tener controladas’ a las personas a través de un corredor migratorio es una medida que requiere un sentido mucho más humanitario y un análisis profundo de sus consecuencias”, sostuvo. La advertencia apunta a un dilema de fondo: cómo enfrentar la crisis migratoria sin vaciar de contenido los principios que dicen defenderse.

FRANCELICIOUS: sabor, ritmo y presencia sin concesiones

Hay noches que funcionan como manifiestos. El lanzamiento del primer extended play de Francelis López Sinisterra, en un City Lab encendido y sudoroso, fue una de ellas. Backstage con maquillaje a contrarreloj, vestuarios afinados hasta el último detalle y un nerviosismo que no se esconde, porque tampoco hace falta. Afuera, la comunidad afro se reconoce entre abrazos, outfits afilados y una identidad que se siente más firme, más libre, incluso más visible que la del Chile mestizo que todavía aprende a mirarse en el espejo. La música suena antes de que el show empiece: ya está pasando algo.

Francelis tiene 26 años, nació el 21 de febrero de 1999 en Ciudad Guayana, Venezuela, y llegó a Chile en marzo de 2017, apenas terminó su educación media técnica como Bachiller y Técnico Medio en Aduanas. Hoy tiene visa definitiva, algo que dice sin solemnidad, pero con peso histórico. “Un alivio, que me gané a punta de boletas de honorarios que mantuvieron el pago de mis impuestos al día”, señala. Migrar, en su historia, no es un concepto abstracto: es trámite, disciplina, desgaste y también una forma de afirmarse en un país que no siempre abre la puerta de inmediato.

La noche del lanzamiento de su EP —diez minutos de música nueva, directa al nervio— es también la presentación pública de una propuesta que cruza trap, flow bailable y letras conscientes. Seis canciones en vivo, DJs de la escena, una telonera y un público que entiende el código: joseo, presencia y cuerpo. Francelis sube al escenario con una seguridad que no niega el temblor previo. “Estoy nerviosa, ansiosa, pero también muy emocionada. Me siento acompañada, como sostenida”, dice antes de salir. No es solo un show: es la idea de escena como causa compartida.

Su herencia afro no aparece como adorno, sino como estructura. En lo vocal, decide ir contra lo esperado. “Mi propuesta vocal es no abarcar notas muy agudas, que es lo que normalmente se espera de la afrodescendiente. Busco una voz más grave, con presencia y fuerza, sin necesidad de agudos”, explica. Esa decisión estética también es política: romper con el estereotipo sonoro que se le asigna a los cuerpos negros, incluso dentro de la música urbana.

Las letras hablan de empoderamiento, de decir lo que incomoda, de nombrar lo que se necesita sin pedir permiso. “Mi narrativa artística tiene que ver con que la mujer se atreva a decir lo que le molesta, lo que le gusta, lo que necesita, y comunicarlo con fuerza, sin importar a quién incomode”, afirma. Ser mujer, afrodescendiente y migrante en Chile no es una suma neutra de identidades; es un cruce donde la exigencia es mayor y el margen de error, más estrecho. “Es difícil ser artista emergente en Chile, pero siendo mujer afrodescendiente y extranjera depende mucho de tu disciplina y tu constancia, incluso cuando ya no quieres seguir”, reconoce.

Algunos días baja el volumen, pero no la intensidad. El fin de semana, en una casona del barrio República una mini feria alberga moda emergente y un desfile experimental transmitido por streaming. Backstage otra vez: maquillaje, peinados, pruebas de vestuario. Francelis no solo desfila; enseña. Coordina, explica, acompaña a nuevas modelos en formato workshop. La moda, dice, le dio actitud y presencia; la música, voz. “La moda me enseñó a comerme la cámara y la música me dio voz”, resume. Su herencia afro dialoga con ambas disciplinas desde el cuerpo, la pisada y la imponencia. “No es solo nacer con esta piel o este pelo, es llevarlo con conciencia de tu historia, con empoderamiento, aunque incomode”.

Las barreras existen, aunque no siempre se manifiesten como un portazo. A veces son comentarios, miradas, prejuicios cotidianos. Recuerda un episodio en el metro, una maleta pequeña, una señora que asume demasiado. “Para bien o para mal, es un prejuicio”, dice, sin dramatizar, pero sin minimizar. Al mismo tiempo, reconoce que también hay cariño, validación, personas que se acercan a decirle “qué lindo tu pelo” o “eres modelo”. En ese equilibrio tenso se mueve su día a día: aprender a no soltar el espacio ganado y a no pedir disculpas por ocuparlo.

Francelis asume, además, una responsabilidad que no buscó, pero que entiende. “Siento que lo que hagamos ahora va a depender muchísimo de cómo las personas que nos miran tengan un camino más directo para seguir”, dice, consciente de que la observan niñas, adolescentes y mujeres afrodescendientes que buscan referentes posibles. Por eso se exige, se cuestiona y vuelve a intentarlo. No desde la perfección, sino desde el aprendizaje compartido.

El cierre no es una consigna vacía, sino una invitación directa. “Atrévete, incomoda, hazlo diferente. Si quieres un cambio en la sociedad, parte por ti. El ritmo te lo marcas tú, no tienes que ir al ritmo de nadie más”, dice Francelis mirando hacia adelante. En un Chile atravesado por la migración y la diáspora africana, su historia no es excepcional: es parte de un pulso más grande que insiste en existir, sonar y desfilar con nombre propio.

Chile revisa su normativa para enfrentar la contaminación acústica

El ruido urbano volvió al centro del debate público. Esta vez no como una molestia pasajera, sino como un problema estructural que impacta directamente en la salud y la calidad de vida en las ciudades chilenas. El Ministerio del Medio Ambiente, en conjunto con el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, anunció el inicio del proceso de revisión del Decreto Supremo N°7, la norma que regula la emisión de ruido de vehículos livianos, medianos y motocicletas, con un foco claro en un vacío histórico de la regulación: las motocicletas en circulación.

Desde el Ejecutivo, el diagnóstico es contundente. “El ruido es un contaminante invisible que afecta la salud, el descanso y el bienestar de las personas”, afirmó la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, al presentar la iniciativa. Una definición que conecta con una experiencia cotidiana en Santiago y otras grandes urbes del país, donde el tránsito vehicular se ha consolidado como la principal fuente de contaminación acústica.

El ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, puso el acento en las limitaciones del marco actual y en la necesidad de avanzar hacia mecanismos de control más efectivos. “Este trabajo busca analizar nuevas maneras para controlar el cumplimiento de los niveles de ruido de un vehículo, especialmente si consideramos que hoy sólo podemos certificar ese aspecto, cuando el vehículo ingresa al país y es homologado”, explicó, subrayando que la revisión abre la puerta a herramientas como controles en plantas de revisión técnica u otras instancias de fiscalización en terreno.

Desde el mundo académico, la advertencia es clara respecto a los efectos del ruido prolongado. “La contaminación acústica puede generar efectos graves en la salud de las personas, desde estrés y trastornos del sueño hasta pérdida auditiva y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, especialmente cuando existe una exposición prolongada a altos niveles de ruido”, señaló Daniel Arancibia, académico del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental de la Universidad de Santiago. Una realidad que, según el experto, obliga a tratar el ruido con la misma seriedad que otros contaminantes ambientales.

Arancibia enfatiza que la solución no pasa por una única medida, sino por una combinación de acciones coordinadas. “Efectivamente se pueden disminuir los niveles de emisión acústica y existen varios ámbitos de acción”, afirmó, mencionando desde la mantención y fiscalización de los vehículos, hasta la gestión del tránsito, la instalación de pantallas acústicas en sectores sensibles y una transición decidida hacia la electromovilidad como horizonte de largo plazo.

El foco inicial de la revisión normativa estará puesto en las motocicletas, un parque vehicular que ha crecido un 40% en apenas cuatro años. Estudios del propio Ministerio del Medio Ambiente revelan diferencias de hasta 20 decibeles entre motocicletas nuevas homologadas y esas mismas unidades en uso, una brecha asociada principalmente a modificaciones irregulares o al deterioro de los sistemas de escape. Hoy, la norma solo controla el ruido al momento de la homologación, dejando sin herramientas efectivas el control posterior.

La publicación del decreto en el Diario Oficial marca el inicio de una etapa técnica y regulatoria que buscará cerrar ese vacío, en un contexto donde cerca del 70% de los niveles de ruido ambiental se concentran en Santiago. Más que un ajuste burocrático, la revisión del Decreto Supremo N°7 aparece como una señal política y sanitaria: el ruido dejó de ser el telón de fondo de la ciudad y pasó a ser un problema que exige respuesta.

El recorte fiscal que tensiona el arranque el gobierno de Kast

La economía asoma como el terreno donde se medirá, desde el primer minuto, la impronta del gobierno del presidente electo José Antonio Kast. Durante los primeros 90 días de administración, el foco estará puesto en un paquete de medidas que promete rebajas de impuestos a las grandes empresas, la eliminación de las contribuciones a la primera vivienda y la reintegración del sistema tributario. Todo esto ocurre mientras las proyecciones del Banco Central de Chile anticipan un escenario de mayor crecimiento para 2026, con un techo cercano al 3%, un dato que abre expectativas, pero también tensiones.

El punto de partida, sin embargo, es menos frágil de lo que muchos imaginan. En conversación con el programa Línea 1 de Radio Usach y TV Usach, el economista y académico de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago, Gonzalo Martner, planteó que Chile llega al cambio de mando en una posición relativamente sólida. “El crecimiento del año pasado fue de 2,6% del PIB, con un crecimiento del empleo importante y también de las remuneraciones, y estas cifras son bastante parecidas al cerrar el 2025”, señaló, describiendo un desempeño “razonable” que se ha sostenido por dos años consecutivos.

Ese escenario es, según Martner, la consecuencia de un ciclo económico abrupto y cambiante. Desde la recesión pandémica hasta la “súper expansión” de 2021, seguida por la contracción de 2022 y una posterior fase de recuperación, el país parece haber encontrado un ritmo más estable. “Esa recuperación es la que nos tiene con este ritmo ya de 2,5 o 3% de crecimiento y que permite que el próximo gobierno entre en condiciones mucho mejores en términos de crecimiento, producción, empleo e inflación, que está estrictamente bajo control”, afirmó el académico.

La advertencia aparece cuando se mira hacia adelante. Para Martner, el efecto real del programa económico de Kast dependerá de cuán rápido y profundo se implementen sus anuncios. En el corto plazo, el economista prevé un impacto contractivo. “Serían medidas que tenderían más bien a comprimir un poco la economía, porque quieren bajar gastos y bajar impuestos, compensando con una reducción del gasto y no con un aumento de impuestos en otros ámbitos”, explicó, sumando a ese cuadro las propuestas de flexibilización laboral incluidas en el programa.

El punto más sensible del debate es la idea impulsada por Jorge Quiroz, jefe del equipo económico del presidente electo, de reducir el gasto público en 6.000 millones de dólares en apenas 18 meses. Martner no duda en calificarla como “un choque fiscal enorme” y pone en cuestión su real alcance. “Corregir ineficiencias o gastos inútiles siempre es positivo, pero en esa magnitud solo tiene sentido con un giro muy fuerte en la política económica”, sostuvo.

En el trasfondo, según el académico, está la rebaja del impuesto a las empresas, especialmente a las de mayor tamaño. “No estamos hablando de bajar el IVA ni de ampliar el impuesto a la renta, sino de reducir el impuesto a las empresas”, dijo, advirtiendo que, sin un aumento de impuestos a las personas de altos ingresos, el ajuste recaerá inevitablemente en el gasto público. “La única manera de bajar esos 6.000 millones de dólares en 18 meses implica reducir alguna parte del gasto social”, afirmó, apuntando a áreas como pensiones, educación y salud. El dilema, concluye, no es solo técnico, sino profundamente político: cómo equilibrar crecimiento, responsabilidad fiscal y cohesión social en un nuevo ciclo de poder.

Rosalía como arquitecta cultural del siglo XXI

Cuando Rosalía anuncia un nuevo proyecto, el impacto ya no se mide solo en cifras, charts o récords de streaming. En los últimos años, su figura se ha convertido en un fenómeno cultural que sintetiza moda, identidad, experimentación y narrativa visual, capaz de desplazar tendencias e instalar discusiones sobre el rumbo de la cultura pop contemporánea. Con la llegada de LUX TOUR 2026, esa influencia alcanza un nuevo nivel, expandiendo el imaginario de la artista hacia territorios aún más ambiciosos.

LUX no es un disco cualquiera: es un artefacto cultural. Desde las colaboraciones con iconos como Björk y la Escolania de Montserrat, hasta la grabación con la Orquesta Sinfónica de Londres, el álbum propone un puente entre lo clásico y lo futurista. Esa mezcla es justamente lo que ha convertido a Rosalía en una artista que actúa más como arquitecta cultural que como simple intérprete.

La expansión de su figura en los últimos años refuerza esta lectura. Tras el éxito de MOTOMAMI, Rosalía no solo conquistó la música: irrumpió con fuerza en la moda global, con apariciones como su imponente look de Balmain en la Gala Met 2025, campañas para Calvin Klein o su rol como embajadora de New Balance. Su debut como actriz en Euphoria (2026) terminó de confirmar que su propuesta estética ya no pertenece únicamente al mundo de la música, sino a una narrativa cultural transversal.

A nivel simbólico, LUX representa el inicio de una nueva etapa en la conversación cultural latinoamericana. Rosalía, española pero profundamente integrada en las estéticas globales que cruzan lo urbano, lo transatlántico y lo experimental, se vuelve un espejo de un momento donde la música en español es parte fundamental de la cultura pop mundial. Su éxito en países históricamente herméticos al idioma confirma que la cultura hispanohablante ya no es periferia: es centro.

Con LUX, Rosalía no solo lanza una gira. Presenta un manifiesto estético que desafía categorías y propone una sensibilidad expansiva, emocional y radicalmente moderna. En un mundo saturado de estímulos, su apuesta por lo monumental y lo íntimo a la vez aparece como un gesto cultural que marca época y redefine cómo pensamos la música, la performance y la identidad global.

Cuando el beat se vuelve raíz

Mariana Villafaña Brito tiene 43 años, nació en Santo Domingo, República Dominicana, y lleva 23 viviendo en Chile. Su nombre artístico, Étnika Beats, no es un alias de marketing ni una pose estética: es una declaración identitaria. DJ, curadora sonora y figura de la electrónica alternativa, su historia cruza migración, duelo, racismo, autogestión y una búsqueda espiritual constante, todo atravesado por una herencia afrodescendiente que se manifiesta en ritmo, energía y memoria corporal. Desde la pista de baile hasta la vida cotidiana, Mariana encarna una diáspora africana que no siempre encuentra espacio, pero que insiste en hacerse escuchar.

“Yo no soy la típica tropicalonga”, dice sin rodeos. “Vengo más del lado alternativo… me gusta el rock, soy romántica en el tipo de música”. En un país que suele encasillar los cuerpos negros en estereotipos festivos o folclorizados, su propuesta rompe el molde: electrónica progresiva, tribal, melódica y etérea, pensada como experiencia emocional más que como consumo rápido. “Provoco a las personas a que sean auténticas en la pista… llegar al corazón y hacerlo vibrar”, explica. Para ella, la música no es solo sonido: es transmutación, karma, sensualidad y memoria compartida.

Su llegada a Chile en 2002, poco después del atentado a las Torres Gemelas, marcó el inicio de una vida atravesada por reinicios constantes. Matrimonio, pérdidas familiares profundas, trabajos fuera del circuito artístico, emprendimientos gastronómicos truncados por el terremoto del 27F, separaciones y duelos que se acumulan. La música aparece como refugio y como lenguaje cuando todo lo demás se cae. “La música me reconectó con gente que yo no conocía… yo decía: esta es mi tribu, mi familia está aquí”. Así nace Étnika Beats, bautizada tras la muerte de su profesor de tornamesa, en un gesto íntimo que une memoria, herencia y creación.

Ser mujer afrodescendiente en Chile, sin embargo, no ha sido un camino amable. Mariana lo dice con calma, pero sin minimizarlo: “Fui prejuiciada mucho tiempo. Desde que llegué a Chile me pasaron muchas historias cuáticas”. Habla de bullying, acoso laboral, abusos de poder y comentarios racistas directos: “Esta negra te está robando la pega”. Episodios que no siempre encontraron respaldo institucional y que hoy observa con distancia crítica. “Recién ahora hay leyes… de haber sabido antes, hubiera demandado”. Aun así, decide no habitar el rencor: “Lo que no aporta, ¿para qué lo voy a tomar?”.

En la escena musical, las barreras son más sutiles pero persistentes. La inclusión muchas veces llega como cuota o tendencia pasajera. “Ahora que estamos de moda, quieren poner un afro por aquí y por allá”, dice, cuestionando la lógica superficial de la diversidad sin transformación real. Para Mariana, el problema no es la visibilidad, sino la falta de profundidad: “Cuando se muestra, tiene que ser real, real, real. La autenticidad es lo que conlleva energía”. Su negativa a “venderse como producto” la ha dejado fuera de ciertos circuitos, pero también le ha permitido sostener una ética propia basada en la energía, el respeto y la coherencia.

Su herencia afrodescendiente no es solo un origen, es una fuerza vital. “Nosotros somos una raza importante… aportamos una esencia única”, afirma. En su visión, la diáspora africana no es pasado, sino presente activo que debe integrarse en la educación, la cultura y los espacios públicos. “Tienen que integrarlo en escuelas, universidades, ferias, espectáculos, para que no se pierda”. En un Chile que aún debate su diversidad, Mariana insiste en mirar más allá de la burbuja: “Que salgan más, que vean más. Hay mucha ignorancia porque no ha habido roce social”.

Hoy vive en Rancagua, se define como su propia empresa y como una “alumna constante”. Reconoce sus contradicciones, su lucha con el ego, su tendencia a apagarse para no incomodar. “No sé el valor que tengo ni la luz que tengo”, confiesa. Pero cuando sube a la cabina, todo eso se ordena. Étnica no es un personaje: “Es la esencia del ser… entregar energía a la pista siempre”. Sus sets son viajes emocionales donde la gente, dice, “siente lo que no sabía que quería escuchar”.

El cierre de su relato no mira hacia atrás, sino hacia quienes vienen creciendo en un país que aún debe aprender a mirarse diverso. Su mensaje es directo y sin adornos: “Que respeten su poder y su autenticidad. Que no permitan que nadie les venga a ningunear su manera de expresarse… hagan todo lo que les haga feliz”. En un contexto donde la diáspora africana sigue luchando por reconocimiento real, Mariana Villafaña —Étnika Beats— demuestra que resistir también puede ser bailar, vibrar y existir sin pedir permiso.

Pantallas bajo la lupa y la infancia en disputa

Mirar un celular antes de dormir, deslizar videos infinitos o responder mensajes hasta que el sueño pierda la batalla se ha vuelto una escena cotidiana en miles de hogares chilenos. Lo que antes parecía una excepción hoy es hábito: la última Encuesta Longitudinal de Primera Infancia 2024 reveló que el 54% de los adolescentes usa redes sociales por más de tres horas diarias y que un 42,7% revisa su smartphone o tablet todas las noches después de acostarse. Una rutina silenciosa que, lejos de ser neutra, empieza a encender alertas sobre sus efectos en la salud mental y el desarrollo.

El debate no es exclusivo de Chile. En Australia, el Estado decidió ir más allá y prohibió por ley el acceso a redes sociales a menores de 16 años, convirtiéndose en el primer país del mundo en aplicar una restricción de ese calibre. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ya anunció su intención de seguir el mismo camino a partir de 2026, con advertencias explícitas al momento de ingresar a estas plataformas. El argumento es claro: proteger a niños y adolescentes de una sobreexposición digital que puede dejar huellas profundas.

¿Funcionaría una medida así en Chile? Para Roberto Vera, académico de la Universidad de Santiago de Chile y magíster en Neurociencia, la respuesta no es binaria. “No es una solución mágica, pero sí puede funcionar como barrera de contención del mismo modo que existen límites de edad para el consumo de alcohol, el tabaco o la conducción”, explica. A su juicio, cualquier restricción podría tener efectos protectores “siempre que se acompañe de educación digital, fiscalización real y alternativas de socialización”.

La advertencia tiene base científica. Vera recuerda que “sabemos con bastante certeza que el cerebro adolescente, especialmente la corteza prefrontal (responsable del control inhibitorio, la planificación y la evaluación de riesgos) no alcanza su madurez funcional sino bien entrada la adultez temprana”. El problema es que las redes sociales juegan en desventaja: están diseñadas, dice, “para explotar circuitos dopaminérgicos de recompensa inmediata, comparación social y validación externa”, generando una brecha evidente entre el poder del estímulo y la capacidad de autorregulación de los menores.

A eso se suma un diseño algorítmico optimizado para maximizar el tiempo de permanencia y la activación emocional, no necesariamente el bienestar. “Desde las neurociencias, resulta difícil no concluir en la existencia de responsabilidades morales, y potencialmente jurídicas, de las plataformas”, afirma Vera, subrayando que la evidencia sobre los efectos en cerebros en desarrollo es conocida. En ese contexto, insiste en que “la regulación estatal no es una censura, sino una protección a una población vulnerable, un principio básico de la ética pública”.

La discusión se cruza además con el aula. La eventual prohibición del uso de celulares en colegios a partir de 2026 podría ayudar, según el especialista, siempre que se aplique “con criterio pedagógico”. “El aula es uno de los pocos espacios donde el cerebro joven puede entrenar la atención sostenida, la interacción social cara a cara y la tolerancia a la frustración”, habilidades que se erosionan cuando la pantalla está siempre presente. Pero advierte que la medida debe ir acompañada de formación docente, uso pedagógico planificado de tecnología y una explicación clara a estudiantes y familias.

El cierre del debate no es complaciente. “Cuando existe evidencia robusta del daño potencial en población vulnerable, la inacción también es una forma de negligencia”, concluye Vera. Regular, en este escenario, no sería retroceder, sino asumir que el mundo digital también necesita límites cuando lo que está en juego es el desarrollo de las próximas generaciones.

El invierno europeo vuelve a encender las alertas sanitarias

El cierre temporal de escuelas, el uso voluntario de mascarillas y el refuerzo de recomendaciones preventivas en Reino Unido activaron una memoria colectiva todavía fresca. Para muchos, las imágenes que llegan desde Europa remiten de inmediato a la experiencia del Covid-19. Sin embargo, el brote que hoy tensiona a los sistemas de salud no es nuevo: se trata de una variante de la gripe A, conocida como influenza H3N2, que ya está golpeando con fuerza a países como Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y España.

Según informó la BBC, varios establecimientos educacionales en Reino Unido han debido suspender sus actividades de manera preventiva, mientras que datos publicados por The Guardian revelan que los ingresos hospitalarios por gripe en Inglaterra alcanzan un promedio diario de 1.717 personas, con 69 pacientes en cuidados intensivos. Son cifras récord para el periodo invernal y, aunque el riesgo individual de desarrollar cuadros graves no ha aumentado de forma significativa, la magnitud del brote está generando una presión considerable sobre la red hospitalaria.

La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a un nuevo virus? Para el infectólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, Ignacio Silva, la respuesta es clara. En conversación con Diario Usach, explicó que “es muy importante destacar que no estamos ante un virus nuevo, este es el virus de la influenza que conocemos bien y que nos afecta todos los años”. Una aclaración clave en un contexto donde la comparación con la pandemia aparece casi de manera automática.

Silva detalló que las principales variantes que circulan a nivel global son la influenza H1N1 y la influenza H3N2, responsables de la mayoría de las campañas de invierno. “Ya lo vivimos en nuestro país en el invierno recién pasado que tuvimos un peak importante de influenza H1N1 y este segundo peak que vivimos en Chile en este último periodo, ahora en primavera, que fue justamente por influenza H3N2”, señaló. Para el especialista, lo que ocurre hoy en Europa responde a una lógica similar.

El fenómeno, explicó, tiene que ver con un adelantamiento en el inicio del aumento de los casos respiratorios. “Un adelantamiento en la fecha de inicio del ascenso de los casos de infección respiratoria. Muy similar a lo que vimos en Chile, donde se adelantó el inicio de la campaña de invierno y tuvimos un peak de casos más precoces que en años previos. Esto mismo se está viendo ahora en Europa”, afirmó el académico, subrayando que no se trata de un escenario excepcional, sino de una variación en los tiempos epidemiológicos.

Respecto a la variante específica que circula en el hemisferio norte, Silva explicó que la diferencia está en el subtipo. “La principal diferencia está en que el subtipo, la variante de H3N2 que está afectando a Europa, es una variante diferente a la que habitualmente nos afecta, que es esta famosa variante o subclado K, por lo que podría tener una respuesta un poco más agresiva que la H3N2 que circula habitualmente”. Esto podría traducirse en cuadros algo más graves o en una mayor capacidad de contagio, pero lejos de un escenario pandémico.

El infectólogo fue enfático en marcar esa distancia. “Podría causar cuadros de un poco mayor gravedad, podría ser más contagiosa y podría evadir de cierta manera al sistema inmune y la respuesta a las vacunas, pero esto no significa que estemos expuestos a una situación similar a la pandemia del Covid-19, porque el Sars-Cov-2, el virus que causó la pandemia, era un virus absolutamente nuevo para el cual no teníamos ni vacunas ni una respuesta inmune propia capaz de defendernos de esta enfermedad”. En la misma línea, recalcó que “bajo ninguna circunstancia estaríamos en una situación de vulnerabilidad como la que vivimos para la pandemia del Covid-19”.

De cara a Chile, el escenario no es ajeno. Silva advirtió que “por supuesto que podría afectar a Chile en nuestro próximo invierno”, considerando que el país suele replicar los patrones de circulación viral del hemisferio norte. Frente a ese panorama, el llamado vuelve a ser uno conocido, pero no menos urgente: reforzar las medidas de prevención y, sobre todo, la vacunación. “Contamos a nivel mundial con una amplia disponibilidad de vacunas contra la influenza que siguen siendo tremendamente útiles para prevenir particularmente los cuadros graves de influenza”, sostuvo, recordando que la experiencia acumulada sigue siendo una de las principales herramientas para enfrentar lo que viene.