Archive for noviembre, 2025

Elecciones bajo el sol y la presión del voto obligatorio en todo Chile

Este domingo se realizarán las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile, una jornada decisiva donde millones de personas deberán elegir al próximo Presidente de la República y a los representantes del Congreso que acompañarán ese mandato durante los próximos cuatro años. Aunque para algunas regiones también implica escoger senadores, el peso real del día estará en la masividad del proceso, en la obligatoriedad del voto y en las condiciones climáticas que acompañarán a quienes salgan a ejercer su derecho. En un contexto político y social especialmente sensible, el llamado transversal es a llegar preparado, informado y protegido.

Para quienes trabajan, la normativa vigente permite ausentarse por tres horas para votar o excusarse si el contexto laboral lo exige, un recordatorio clave considerando que la participación no es optativa. El académico de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, Gonzalo Parra, destacó que uno de los errores más recurrentes que cometen los electores es llegar al local equivocado o confundirse de mesa. “Reconozcan y obtengan información sobre su local de votación. Gran parte de los errores que suelen cometerse y que llevan a equivocaciones de las personas es no saber bien sobre su local de votación, cambio de domicilio electoral y eventualmente, su mesa”, señaló, apuntando a una problemática que en cada elección genera aglomeraciones y retrasos.

Parra advirtió además que este año las papeletas serán particularmente extensas en algunos distritos, debido a la cantidad de candidaturas parlamentarias. Frente a ese escenario, su consejo es llegar preparado, habiendo revisado previamente nombres, listas y referencias. Según explicaba, “en cuanto a las papeletas este año, dependiendo de los distritos van a ser muy grandes por la cantidad de candidaturas. Entonces, un consejo es con anticipación revisar cuál es el candidato o candidata y ver a qué lista representa para poder identificar más rápido en la papeleta gigante y así no confundirse y no perder tiempo”. Información simple, pero clave para evitar pérdidas de tiempo bajo un sol que se anticipa intenso.

Y es que el calor será uno de los protagonistas de la jornada. La Región Metropolitana podría bordear temperaturas entre 29 y 30 grados durante la tarde, lo que encendió las alertas sanitarias. La Dra. Vivian Luchsinger, del Programa de Virología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, recomendó evitar las horas de mayor exposición entre las 12 y las 15. “Usar gorro o sombrero, protegerse la cabeza de la posición al sol, usar bloqueador solar, aplicárselo en toda la piel expuesta. En cuanto a la ropa, lo mejor es usar ropa de algodón, no tela sintética. Y existen incluso bloqueadores que se aplican a la ropa”, indicó. También insistió en preferir colores claros y mantener hidratación constante, sumando un detalle práctico: calzado cómodo para quienes caminen hasta su local de votación.

El calor no será el único factor a considerar. El doctor Cristian Rebolledo, jefe del programa de Políticas, Sistemas y Gestión en Salud de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, recordó la importancia de la hidratación, tanto para electores como para vocales de mesa, y advirtió sobre el escenario de virus respiratorios que ha aumentado en las últimas semanas. Por eso, destacó que quienes presenten síntomas como tos, congestión o dolor de garganta deberían asistir con mascarilla a sus centros de votación, además de mantener medidas instaladas desde la pandemia, como el lavado de manos, el uso de alcohol gel y las toallitas desinfectantes. Un recordatorio oportuno considerando la alta afluencia de público que se espera.

El voto obligatorio también marca un punto inflexible de estas elecciones. La ley establece multas que van entre 0.5 y 3 UTM, es decir, entre $34.771 y $104.313 aproximadamente, para quienes no acudan a sufragar sin causa justificada. “El Servel hoy en día ha establecido una serie de multas en el caso de no presentarse a sufragar”, puntualizó Parra, añadiendo que las personas en el extranjero quedan exceptuadas si se encuentran a más de 200 kilómetros del local donde les correspondería votar. Las mesas permanecerán abiertas desde las 8 hasta las 18 horas, con la excepción de que continúe habiendo personas esperando para votar dentro o fuera del recinto al momento del cierre.

A pocas horas del proceso electoral, el mensaje es claro: votar es obligatorio, informarse es indispensable y cuidarse es una responsabilidad colectiva. Entre el calor, la alta concurrencia, la extensión de las papeletas y el contexto sanitario, la clave será anticiparse para vivir una jornada ordenada, segura y participativa.

Cómo las campañas chilenas están mutando para conquistar el voto conectado

El llamado “rap de Matthei” apareció como un golpe de efecto en medio de una campaña presidencial que ya venía cargada de gestos hacia la cultura digital. Con versos como “No soy Kast, no soy Jara, soy Evelyn mirando pa’ delante”, la candidata de Chile Vamos entró de lleno al terreno de los virales, acumulando más de un millón de reproducciones en Instagram y superando el medio millón en Facebook. La jugada no solo generó memes, críticas y debates encendidos, sino que instaló una pregunta inevitable: ¿hasta dónde llega la influencia real de las redes sociales en una elección?

La respuesta, al menos en el mapa político chileno de 2025, es compleja. Jeannette Jara apuesta por un tono de cercanía, José Antonio Kast insiste en cápsulas breves y efectivas, y los ocho candidatos despliegan omnipresencia digital en Instagram, TikTok y YouTube. Este ecosistema les permite hablar en un lenguaje adaptado al flujo cultural de la pantalla: clips cortos, estética callejera, storytelling emocional y una intensidad que se filtra directo al feed del votante. Pero la pregunta de fondo es si ese impacto se traduce en algo más que reproducciones. Juan Francisco Ugarte, académico del Departamento de Publicidad e Imagen de la Universidad de Santiago, sostiene que sí. “Esto facilita la micro-segmentación de mensajes y la creación de comunidades de apoyo, que pueden ser cruciales para la movilización en días de elección”, señaló a Diario Usach, subrayando que las redes permiten saltarse intermediarios y establecer una comunicación directa.

Sin embargo, ese acceso sin filtros también trae riesgos. Ugarte advierte que las plataformas “pueden ser caldo de cultivo para la desinformación (‘fake news’) y la polarización, afectando la calidad del debate”. En un país donde la tensión política es combustible disponible en cada scroll, el equilibrio entre visibilidad y responsabilidad se vuelve delicado. La velocidad con que se replican los contenidos supera cualquier capacidad editorial, y en esa zona gris es donde las campañas pueden ganar tracción o cometer errores costosos.

El modelo del alcalde neoyorquino Zohran Mamdani —híbrido entre redes hiperactivas y terreno cara a cara— también entra en la ecuación. Su estética urbana y sus mensajes claros sobre vivienda, cuidados y costo de vida demuestran que lo digital es importante, pero no suficiente. Ugarte lo resume de forma precisa: “Los tipos de mensajes que logran viralidad suelen ser aquellos que son simples, fáciles de compartir y que abordan temas que generan una respuesta más emocional”. Pero en Chile, recuerda el académico, los medios tradicionales aún sostienen una parte relevante del electorado. La televisión abierta, la radio y la prensa siguen marcando presencia, especialmente en votantes mayores, conformando un ecosistema donde lo digital funciona como motor, no como territorio exclusivo.

La figura del “vecino digital” ilustra esta mutación. Mientras el puerta a puerta sigue siendo clave, las plataformas sociales permiten replicar esa intimidad a escala masiva. Ugarte explica que el mensaje del candidato puede aparecer directamente en el feed personalizado del votante, creando una sensación de proximidad sin necesidad de tocar una puerta física. Herramientas de segmentación permiten que un contenido sobre pensiones llegue a personas mayores, mientras que uno sobre el costo de la vida se dirija a millennials. “El mensaje A llega solo a la Audiencia A”, señala el experto, gracias a modelos de publicidad como Facebook Ads o Google Ads, que empujan la campaña hacia territorios hiperdefinidos y medibles.

Captar el voto joven, sin embargo, exige códigos específicos. Ugarte lo define como infotainment: contenido informativo pero entretenido, breve, visualmente atractivo y técnicamente bien producido. En un ecosistema donde la vida útil de un video puede ser de apenas horas, las campañas requieren equipos capaces de producir, editar y responder en tiempo real. Y hacia adelante, la tendencia es clara: “Las futuras elecciones serán inherentemente híbridas, donde la estrategia digital será el eje central que coordine el resto de las actividades”, sostiene el académico. La irrupción de la realidad aumentada, la IA generativa y el análisis de Big Data prometen volver las campañas más sofisticadas, más segmentadas y más competitivas, profundizando la idea de que la política, hoy más que nunca, se juega en muchas capas a la vez.

En ese escenario, el “rap de Matthei” no es simplemente una curiosidad viral. Es una señal del tipo de contienda que se está configurando en Chile: acelerada, emocional, digitalizada y cada vez más estratégica. Y aunque los votos aún se cuentan en urnas físicas, buena parte de la batalla se libra en la pantalla.

El mapa emocional de las pesadillas

Despertar de golpe, con el corazón desbocado y la sensación de haber estado atrapado en un peligro real, es un momento que muchos prefieren olvidar rápido. Pero las pesadillas, lejos de ser un fenómeno aislado o anecdótico, conviven con millones de personas en todo el mundo. La American Academy of Sleep Medicine estima que entre el 50% y el 85% de la población ha experimentado alguna vez este tipo de sueños vívidos y perturbadores. No importa la edad ni el momento de la vida: el miedo nocturno es un visitante inesperado que aparece cuando quiere y sin pedir permiso.

En Chile, así como en cualquier parte, la pregunta se repite: ¿por qué soñamos cosas tan inquietantes? Para despejar dudas, conversamos con Pedro Chaná, médico cirujano y especialista en neurología de la Universidad de Santiago, quien explica que las pesadillas están directamente ligadas a un proceso fisiológico del sueño. “Para interpretar las pesadillas, tenemos que entender que son parte del proceso fisiológico de dormir, normalmente durante la etapa conocida como de sueño R.E.M. en que hay mayor actividad del cerebro y hay movimientos oculares”, señaló a Diario Usach. En esa fase, el cerebro se enciende, las emociones se mezclan y los recuerdos se reorganizan, dando paso a escenarios intensos que pueden terminar en un despertar abrupto.

Chaná también profundiza sobre el rol emocional de las pesadillas. “Se asocia a la presentación de sueños vívidos y pesadillas, estos fenómenos se explican desde el punto de vista fisiológico, pero también tienen una representación psicológica para estar relacionados con mecanismo de adaptación emocional”. El especialista detalla que este tipo de sueños, cargados de contenido negativo, activan respuestas físicas como la sudoración y la taquicardia. A veces se recuerdan con claridad y a veces no, dependiendo del momento del ciclo en que ocurre el despertar.

Otro mito clásico vincula las pesadillas con lo que comemos antes de dormir. Y aunque suena a consejo que podría dar cualquier abuela, la ciencia ha intentado entender el vínculo. Un estudio de la Universidad MacEwan, publicado en Frontiers in Psychology, consultó a más de mil estudiantes sobre sus hábitos de alimentación y la relación con sus sueños. Los postres, dulces y lácteos fueron percibidos por los propios encuestados como los alimentos que más afectan la calidad del sueño y generan sueños “extraños” o “perturbadores”. El investigador Tore Nielsen afirmó a AFP que “sabemos que las emociones negativas experimentadas en estado de vigilia pueden prolongarse en los sueños. Probablemente ocurre lo mismo con aquellas que emergen a causa de trastornos digestivos ocurridos durante el sueño”.

Chaná coincide parcialmente con esa intuición popular, pero advierte que falta evidencia robusta: “Aunque no hay mucha evidencia científica, la cultura popular plantea la posibilidad de que algunos alimentos induzcan pesadillas, especialmente aquellos que contienen más contenidos grasos y retardan el vaciamiento gástrico o también el comer en forma excesiva”. El especialista agrega que estimulantes como ciertos fármacos o bebidas pueden exacerbar estos episodios, sobre todo cuando hay estrés o ansiedad acumulada.

Una pregunta clave es cuándo una pesadilla pasa de ser normal a convertirse en un problema. Chaná aclara que no se trata de algo “bueno” o “malo”, sino del impacto en la vida cotidiana. Si se hacen recurrentes o generan miedo a la hora de dormir, podrían indicar un trasfondo emocional que vale la pena atender. “En general, esto estaría representando fenómenos psicológicos o emocionales que están activando estos procesos o pesadillas”, puntualiza. Y aunque no existe una fórmula mágica para evitarlas, sí hay caminos para reducir su frecuencia: mejorar la higiene del sueño, bajar las tensiones acumuladas del día y hacerse cargo de las emociones pendientes.

Mientras la ciencia sigue buscando respuestas, la realidad es que las pesadillas nos recuerdan algo básico pero profundo: incluso cuando dormimos, la mente sigue trabajando, procesando lo que a veces no logramos enfrentar despiertos. Y en ese territorio ambiguo entre el descanso y el miedo, todos somos vulnerables.

Influencers bajo presión tras controversias y leyes más estrictas en China

Kim Kardashian volvió a incendiar internet. Esta vez no fue por un look viral ni por un nuevo emprendimiento, sino por poner en duda uno de los hitos más documentados del siglo XX: el aterrizaje en la Luna de 1969. “Van a decir que estoy loca de todas formas. Pero entren a TikTok. Véalo cada quien por sí mismo”, lanzó la empresaria en un episodio reciente de The Kardashians, donde compartió con la actriz Sarah Paulson una colección de artículos y videos que la habrían convencido de que el alunizaje fue un montaje. Su comentario se propagó como pólvora y activó, incluso, una respuesta de la Nasa. “Sí, hemos estado en la Luna antes… ¡seis veces!”, escribió en X Sean Duffy, administrador de la agencia espacial estadounidense, intentando poner freno a la ola conspirativa amplificada por la celebridad.

La escena fue una demostración clara de cómo opera el ecosistema digital contemporáneo: una figura influyente cuestiona un hecho histórico, las redes amplifican el ruido y millones de personas reciben información moldeada por algoritmos antes que por evidencia. No es nuevo, pero cada episodio sube la temperatura del debate sobre la desinformación global y el rol de los llamados “expertos digitales”, que levantan teorías, diagnósticos o consejos sin formación formal en los temas que comentan. Fue justamente para enfrentar este fenómeno que la Administración del Ciberespacio de China (CAC) anunció una de las medidas regulatorias más estrictas del último tiempo.

La nueva normativa obliga a influencers y streamers chinos a mostrar públicamente sus credenciales profesionales para hablar de temáticas sensibles como salud, educación, leyes o economía. Plataformas como Douyin, Bilibili y Weibo deberán verificar títulos, exigir fuentes verificables y aclarar si el contenido proviene de estudios, informes, inteligencia artificial o simples opiniones. No es una recomendación, sino un mandato estatal. La intención declarada: combatir la desinformación que circula a diario en redes y que, en casos extremos, pone en riesgo la seguridad pública.

El publicista y académico de la Usach, Juan Francisco Ugarte, observa esta medida con matices. “En general se advierte un movimiento drástico y polarizador, aunque tiene sus pro y contra, dependiendo el contexto”, comenta. Entre los beneficios, destaca que “una medida como esta busca profesionalizar la información aumentando los parámetros de credibilidad en medios digitales, ‘protegiendo’ de cierta manera a los usuarios de los ‘expertos falsos’ (como la situación que se vivió con Kim Kardashian) e incentivando a las plataformas digitales a asumir una cierta responsabilidad activa en la moderación de contenido”. Pero esa no es toda la historia.

Ugarte advierte que esta política también puede transformarse en un mecanismo de censura. “Se puede notar que una decisión como esta representa una forma de censura tecnocrática o ‘filtro ideológico’. En un país con estricto control mediático como lo es China, esto puede utilizarse para silenciar voces críticas o perspectivas que no se alinean con la narrativa oficial”, afirma. Además, señala que medidas tan rígidas podrían impedir que experiencias personales valiosas —como la de alguien que supera una enfermedad y comparte su proceso— tengan espacio en la conversación pública por no cumplir con credenciales formales.

A nivel global, el académico es enfático: regular todas las redes sociales bajo una única normativa es imposible. “No, no es posible regular las redes sociales a nivel mundial con una única ley o entidad, sobre todo si pensamos en la soberanía nacional y diferencias culturales: Cada país tiene su propia legislación, Constitución, estándares culturales y sistemas políticos”, explica. Lo que puede ser considerado discurso peligroso en un territorio, en otro es visto como una libertad fundamental. Y ahí está la tensión: cómo equilibrar el combate a la desinformación sin aplastar la libertad de expresión.

En democracias occidentales, según Ugarte, la línea suele estar clara: se actúa cuando la información falsa constituye incitación a la violencia, fraude, difamación o un riesgo real para la salud pública. En ese sentido, teorías como “el alunizaje es falso” no entran en ese rango, aunque sean erróneas, mientras que consejos financieros engañosos sí lo hacen. “El riesgo de la regulación es que el Estado utilice la lucha contra la desinformación como pretexto para limitar la crítica política o la información incómoda, cruzando la línea hacia la censura”, concluye. Y así, entre conspiraciones virales, influencers hiperexpuestos y gobiernos endureciendo el control digital, el futuro de la conversación pública global sigue siendo un territorio en disputa.