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Peste neumónica bajo vigilancia y qué tan preparado está Chile ante un caso sospechoso

La muerte de una trabajadora de laboratorio de 28 años en Siberia, Rusia, tras un cuadro que habría correspondido a peste neumónica, activó medidas preventivas y volvió a poner sobre la mesa una enfermedad infecciosa poco frecuente, pero potencialmente grave. Aunque las circunstancias del caso aún requieren confirmación, la situación ha generado atención por la capacidad de esta variante de transmitirse entre personas y por la importancia de actuar a tiempo ante una sospecha.

Las autoridades sanitarias rusas adoptaron medidas preventivas en la región de Irkutsk, donde se convocó a una reunión extraordinaria de la comisión sanitaria y antiepidémica. Para Ignacio Silva, infectólogo y académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile, es fundamental distinguir entre un caso bajo investigación y una emergencia confirmada. “Hasta ahora son especulaciones. Ante eso, es mejor ser más precavido. Pero no hay una certeza, por lo tanto, creo que no hay que apresurarse en las conclusiones. Pero sí tomar medidas de contención”, señaló en conversación con Radio Usach.

La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, microorganismo asociado históricamente a la peste negra, una de las pandemias más devastadoras de la Edad Media. Actualmente existen herramientas de diagnóstico y tratamientos antibióticos que han cambiado el pronóstico de la enfermedad, pero eso no elimina la necesidad de mantener una vigilancia epidemiológica estricta. “Es una bacteria que efectivamente tiene un potencial de generar eventos tipo pandemia”, afirmó Silva, al referirse a la importancia de reconocer sus vías de transmisión y responder oportunamente ante posibles brotes.

La peste neumónica es una de las formas más graves de esta infección porque compromete directamente los pulmones. A diferencia de otras manifestaciones de la peste, puede transmitirse de persona a persona a través de partículas respiratorias, especialmente durante el contacto cercano. Entre sus síntomas están la fiebre repentina, los escalofríos, la tos intensa, el dolor de pecho y la dificultad para respirar. En casos graves puede aparecer expectoración con sangre y desarrollarse una insuficiencia respiratoria. Debido a que la evolución puede ser rápida, la detección y el tratamiento oportunos son fundamentales.

El especialista sostuvo que las medidas preventivas deben entenderse como parte de la preparación sanitaria, y no necesariamente como una señal de alarma internacional. “Con los aprendizajes que debiésemos haber tenido de la pandemia del COVID-19, es recomendable tomar medidas oportunas y que quizás pudiesen interpretarse como exageradas, pero en estos casos es mejor prevenir”, sostuvo. Entre las acciones relevantes se encuentran identificar a quienes tuvieron contacto con un caso sospechoso, evaluar la necesidad de aislamiento, informar a las autoridades y activar los protocolos de vigilancia epidemiológica.

En Chile, la peste es una enfermedad de notificación obligatoria, por lo que una sospecha debe comunicarse oportunamente a la autoridad sanitaria. Silva destacó la capacidad de respuesta del país y la importancia de que los equipos de salud reconozcan los síntomas y sepan cuándo investigar una posible infección. “Chile tiene un sistema de vigilancia muy robusto”, afirmó. La información disponible sobre el caso ruso, sin embargo, no permite concluir por sí sola que exista una amenaza para Chile ni que se esté desarrollando un brote internacional.

El episodio vuelve a recordar que algunas enfermedades históricas continúan presentes en distintas regiones del mundo, aunque sus casos sean poco frecuentes. Para Silva, la transparencia informativa y la preparación de los equipos clínicos son esenciales para evitar tanto una reacción tardía como una alarma injustificada. “La idea no es generar alarma. Aquí estamos ante un caso, pero cuando son microorganismos de importancia en la salud pública, creo que es mejor la transparencia en la información y que se tomen medidas preventivas oportunamente”, agregó.

Por qué Chile se volvió el nuevo chiste geográfico de internet

Chile volvió a convertirse en material para el algoritmo. Durante los últimos días, TikTok, Instagram y Reddit se llenaron de memes que llevan una característica evidente del territorio nacional hasta el absurdo: su particular forma larga y estrecha. La idea es simple, pero precisamente ahí parece estar parte de su éxito. Habitaciones donde apenas cabe una cama, personas exageradamente altas y delgadas, buses imposibles de angostos y hasta versiones ficticias del Metro comenzaron a circular como una caricatura colectiva de la geografía chilena.

Lo interesante es que esta vez la broma no quedó únicamente en manos de usuarios extranjeros. Los propios chilenos comenzaron a replicar, adaptar y llevar todavía más lejos el concepto, convirtiendo el meme en una especie de competencia por encontrar la representación más absurda posible del país. Para Juan Francisco Ugarte, académico del Departamento de Publicidad e Imagen de la Usach, esa reacción ayudó directamente a que el contenido siguiera circulando.

“lo llamativo de esto es que los chilenos, en vez de tomárselo mal, se lo tomaron también con humor. Entonces eso realimentó en el fondo el algoritmo”, explica el académico. La dinámica es conocida en las plataformas: una publicación genera una reacción, esa reacción se convierte en nuevo contenido y el ciclo vuelve a comenzar. En este caso, el objeto de la broma dejó de ser únicamente Chile visto desde afuera y pasó a convertirse también en una herramienta para que los propios usuarios construyeran nuevas versiones del meme.

“En vez de tomarlo como algo ofensivo, la gente lo tomó con humor y las personas del país también empezaron a crear otros memes que superan a los que pueden hacer en el extranjero, porque Chile es un país de memes”, señala Ugarte. El fenómeno se beneficia además de una característica básica de la cultura digital: no hace falta conocer demasiado sobre Chile para entender el chiste. La silueta del país funciona prácticamente como una imagen de lectura instantánea.

“Yo creo que se viralizó rápido porque claro, es un humor más visual, es simple, se entiende. El país se ve angosto, se ve largo, es muy flaquito. Entonces es muy fácil hacer, es muy fácil entenderlo sin saber dónde está exactamente o conocer Chile. Porque nuestro territorio en el resto del mundo no es muy conocido”. A eso se suma que la fórmula puede ser replicada por cualquier usuario, sin necesidad de grandes conocimientos de edición ni de contexto.

Como ocurre con buena parte de los fenómenos nacidos en redes, la duración es más difícil de anticipar que su velocidad de expansión. Según Ugarte, este tipo de memes puede tener una ventana de circulación particularmente intensa de entre una y tres semanas, aunque su permanencia dependerá de la capacidad de los usuarios para seguir encontrando nuevas formas de explotar la misma idea. Con el tiempo, el contenido puede perder fuerza como tendencia masiva, pero algunas bromas terminan convirtiéndose en referencias culturales reconocibles.

Ahí aparece el ejemplo de Australia. Ugarte recuerda cómo la idea de que “cualquier cosa en Australia te mata” pasó de ser una broma recurrente en internet a instalar una imagen reconocible internacionalmente sobre la fauna australiana y sus características. Chile podría seguir un camino parecido si la exageración de su forma territorial consigue trascender el ciclo habitual de un meme. “Puede ser que trascienda un poco como lo de Australia, por ejemplo. Todo el mundo sabe que tiene una fauna bastante particular”, concluye el experto. Por ahora, la fórmula sigue funcionando: mientras más angosto, más absurdo y, aparentemente, más chileno.

La IA ya es parte de la vida escolar en Chile

La inteligencia artificial ya dejó de ser una herramienta experimental para convertirse en parte de la rutina escolar de miles de estudiantes chilenos. Los resultados de PISA 2025 muestran que el 51% de los estudiantes en Chile utiliza chatbots de inteligencia artificial para apoyar su aprendizaje al menos una vez por semana, por encima del promedio de 46% registrado entre los países de la OCDE.

El uso de estas herramientas aparece especialmente vinculado a las primeras etapas del aprendizaje. Un 39% de los estudiantes chilenos declaró utilizar IA para realizar investigaciones preliminares sobre nuevos temas, frente al 31% del promedio OCDE. Además, un 33% señaló que recurre a chatbots para resumir textos que debe leer y la misma proporción los utiliza para redactar trabajos escolares. Solo un 6% dijo no utilizar nunca o casi nunca estas herramientas en las actividades escolares consultadas, frente al 14% del promedio OCDE.

Pero el avance de la IA ocurre en paralelo con otra realidad dentro de las salas de clases: la distracción digital. En Chile, el 48% de los estudiantes afirmó que sus compañeros se distraen frecuentemente con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias, una proporción superior al 28% registrado en promedio por la OCDE. El informe, sin embargo, advierte que en Chile no se encontró una asociación estadísticamente significativa entre esta distracción y el rendimiento académico, por lo que los datos no permiten afirmar que el uso de dispositivos haya causado directamente un determinado resultado.

Claudia Vargas, doctora en Didáctica de la Matemática y académica del Departamento de Matemática y Computación de la Universidad de Santiago, vinculó los resultados con una combinación de factores que excede el uso de tecnología. Sobre la caída en los aprendizajes, la académica señaló que “es toda una mezcla. El uso de las pantallas, evidentemente puede ser un factor, los jóvenes en lugar de salir a jugar a las plazas ahora prefieren pasar más tiempo en las pantallas”. Su análisis incorpora además transformaciones en los hábitos de lectura y en la experiencia cotidiana dentro de las aulas.

Para Vargas, el contexto escolar también resulta relevante para entender las dificultades actuales. “tienen una pérdida de interés bastante notoria en la lectura, no lo podemos negar. Por otro lado, el ambiente de la sala de clases no favorece, hay mucho bullying, hay mucho estímulo por la competencia y esto también no favorece la sana convivencia dentro de la sala de clases”. Los resultados de PISA 2025 muestran precisamente que la relación entre aprendizaje, bienestar y entorno escolar es un fenómeno que debe analizarse junto con las condiciones en que estudian los jóvenes.

La pandemia aparece como otro elemento dentro de esta discusión. Los estudiantes evaluados en PISA 2025 atravesaron parte de su trayectoria escolar durante el período de educación remota, experiencia que, según Vargas, tuvo efectos particularmente complejos en la adquisición de aprendizajes fundamentales. “Entonces sí que la pandemia causó una mella en la enseñanza de la matemática, los aprendizajes básicos. Pero no perdamos de vista que no es cuánta matemática saben, sino cómo saben aplicarla”. La evaluación PISA, justamente, busca medir la capacidad de los estudiantes para aplicar conocimientos a problemas y situaciones de la vida real.

Los datos de la OCDE también muestran que la relación entre inteligencia artificial y rendimiento académico no es simple. El organismo señala que los estudiantes que utilizan IA para tareas específicas como resumir textos, investigar o redactar presentan, en promedio, resultados inferiores en ciencias respecto de quienes no la utilizan para esas tareas; sin embargo, esto no demuestra causalidad. En cambio, quienes utilizan IA semanalmente con el propósito general de apoyar su aprendizaje presentan resultados similares a los no usuarios. La OCDE plantea que el desarrollo de habilidades para evaluar críticamente la información generada por IA puede ser clave para que estas herramientas funcionen como apoyo y no simplemente como una forma de obtener respuestas terminadas.

Así, el desafío para las comunidades educativas ya no pasa solamente por decidir si la inteligencia artificial entra o no a la sala de clases. La tecnología ya está presente. La discusión comienza a desplazarse hacia cómo utilizarla, cómo enseñar a verificar sus respuestas y cómo evitar que reemplace procesos esenciales como leer, comprender, investigar y resolver problemas. En Chile, donde más de la mitad de los estudiantes ya recurre semanalmente a chatbots para aprender, esa conversación dejó de ser una cuestión del futuro y forma parte del presente escolar.

Los sitios de memoria de Chile llegan al mapa digital

El Festival MUDA prepara el lanzamiento de una nueva herramienta digital que busca acercar la memoria y los derechos humanos a las nuevas generaciones. El próximo 11 de septiembre será presentada la App Sitios de Memoria, una plataforma pública y gratuita que permitirá explorar geográficamente lugares vinculados a la historia reciente de Chile y conocer los acontecimientos ocurridos en ellos.

La iniciativa parte de una realidad todavía poco visible. Actualmente, el Estado chileno reconoce 1.132 centros de prisión, tortura y exterminio utilizados durante la dictadura, pero solo 17 reciben financiamiento estatal, equivalente a menos del 1% del total. Frente a esta brecha, la aplicación busca contribuir a la visibilización de estos espacios y del trabajo que realizan las organizaciones dedicadas a preservar sus historias y memorias.

“La memoria también tiene lugares, nombres y coordenadas. Queremos reunirlos en un gran mapa abierto para que cualquier persona pueda encontrarlos y conocer su historia”, señala Marcelo Acevedo, presidente de la Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional, organizador del evento y vocero de MUDA. La plataforma utilizará la geolocalización como una forma cotidiana de acceder a información histórica, permitiendo identificar sitios de memoria en distintas ciudades y regiones, junto con antecedentes, fotografías y material visual.

En su primera etapa, la aplicación profundizará los contenidos de 12 sitios vinculados directamente a MUDA, incorporando información ampliada y experiencias como tours virtuales. Entre ellos se encuentra el Sitio de Memoria Estadio Nacional Memoria Nacional, además de espacios como Cerro Chena, Ex Tenencia Curacaví, Ex Clínica Santa Lucía, Ex Nido 20, Hornos de Lonquén, Irán 3037 —Ex Venda Sexy—, Casa de Miguel Red Solidaria y el Centro Cultural de Derechos Humanos Salvador Allende de Puente Alto junto al Memorial por la Justicia y la Dignidad, entre otros.

La propuesta busca que la memoria no quede restringida a archivos, museos o espacios que las personas deben conocer previamente para visitar. “La memoria no pertenece solamente a los archivos, también puede habitar las herramientas con las que hoy conocemos y recorremos el mundo. Esta herramienta busca facilitar que las personas puedan descubrir lugares que forman parte de la historia del país y que, en muchos casos, permanecen desconocidos incluso para quienes viven en sus cercanías”, afirma Acevedo.

El proyecto continuará desarrollándose después del lanzamiento. En una segunda etapa contempla incorporar nuevas historias, testimonios y documentos de los sitios de memoria del país, en colaboración con las organizaciones responsables de su preservación. De esta manera, la aplicación permanecerá disponible más allá de la programación del festival y plantea un archivo digital en expansión, donde territorio, tecnología y memoria puedan encontrarse en una misma plataforma.

La presentación de la app se inscribe además en la propuesta del Festival MUDA, que se realizará el sábado 3 y domingo 4 de octubre en el Parque Estadio Nacional. El encuentro reunirá a cerca de 40 artistas nacionales e internacionales, junto con espacios dedicados al pensamiento, las artes escénicas, recorridos por sitios de memoria, gastronomía, emprendimientos y actividades familiares. “Queremos que el legado de MUDA no termine cuando se apaguen los escenarios. Por eso estamos desarrollando una herramienta pública que permita conocer y recorrer todos los sitios de memoria de Chile. El mapa estará disponible desde el comienzo y, en esta primera etapa, profundizaremos especialmente en los doce sitios que son parte de la organización de MUDA, con contenidos y experiencias como tours virtuales. Es un proyecto que queremos seguir enriqueciendo en el tiempo.”, concluye Acevedo.

El Desierto Florido prepara una temporada histórica

El norte de Chile podría volver a convertirse en una gigantesca explosión de color durante los próximos meses. Las intensas lluvias registradas recientemente en las regiones de Coquimbo y Atacama han activado las reservas de semillas y bulbos presentes en los suelos desérticos, elevando las expectativas de cara a una nueva temporada del Desierto Florido, uno de los fenómenos naturales más particulares del país.

Las proyecciones apuntan a una floración de grandes dimensiones. De acuerdo con estimaciones de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) citadas por Ladera Sur, el fenómeno podría extenderse por una superficie de hasta 15.000 km². El escenario ha sido comparado por especialistas con el episodio de 1997, considerado uno de los eventos más destacados registrados en las últimas décadas. La floración comenzaría a manifestarse durante septiembre, mientras que su mayor expresión podría concentrarse entre octubre y noviembre.

Darío Moreira, biólogo ambiental, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y director del Departamento de Gestión Agraria de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago, explicó que las condiciones actuales son especialmente favorables para una floración de gran magnitud. “un fenómeno como el que ocurrió en el año 97 podría también darse ahora, porque hay un banco de semillas importante disponible y también las condiciones de humedad han sido súper favorables”.

Las lluvias también podrían modificar el calendario habitual del fenómeno. Según Moreira, la abundancia de agua registrada en distintas zonas del norte podría retrasar el momento de mayor floración. “la fase temprana va a comenzar la quincena de septiembre para tener los peaks, probablemente la primera a segunda semana de octubre, que podría desfasarse por este tema de las lluvias”. De esta manera, el peak podría concentrarse durante octubre, aunque su evolución dependerá de las condiciones particulares de cada territorio.

La floración podría observarse en distintos sectores de Atacama, incluyendo Huasco, Freirina, Vallenar, Caldera, Copiapó y Chañaral. Entre los lugares destacados por Moreira se encuentran el Parque Nacional Llanos de Challe, ubicado a unos 90 kilómetros al noroeste de Vallenar; el Parque Nacional Desierto Florido, al sur de Copiapó; y el Parque Nacional Pan de Azúcar, en el límite entre las regiones de Atacama y Antofagasta. La distribución de las especies, sin embargo, dependerá de dónde y cuánto llovió, además de las condiciones de humedad de cada sector.

La diversidad que podría aparecer durante esta temporada también es considerable. “entre 800 y 1.000 especies son las que componen más o menos el pool de especies que están en las zonas áridas de la región de Atacama y Antofagasta”, explicó el investigador. De ese conjunto, agregó, “más o menos entre 200, 230 especies, que son las que componen el banco de germoplasma que germina y que florece durante estos eventos”.

El posible regreso de una floración de gran escala también plantea un desafío para quienes quieran presenciarla. El aumento de visitantes puede generar impactos sobre un ecosistema particularmente frágil, especialmente cuando se utilizan vehículos para acceder a zonas de floración. Moreira advirtió que “Estas idas masivas hacia los lugares, sobre todo con vehículos, pueden terminar compactando el suelo, pisoteando la zona y eso hace que la germinación no ocurra, porque se destruyen las plantas y las semillas también”. El espectáculo natural que prepara el desierto para 2026, por tanto, también dependerá de que quienes lleguen hasta Atacama puedan observarlo sin destruir aquello que lo hace posible.

Estrés, pantallas y noches en vela bajo la lupa

Dormir mal alguna vez es parte de la vida. Una semana de mayor carga laboral, preocupaciones personales o un cambio de horario pueden alterar el descanso durante algunos días. La señal de alerta aparece cuando el problema deja de ser ocasional, se vuelve persistente y comienza a afectar la energía, concentración y funcionamiento durante la jornada.

En Chile, este escenario convive con una creciente demanda por estudios especializados del sueño. Uno de los más completos es la polisomnografía, examen que permite observar qué ocurre en el organismo mientras una persona duerme. El procedimiento registra simultáneamente la actividad cerebral y las distintas etapas del sueño, además del flujo y esfuerzo respiratorio, saturación de oxígeno, frecuencia cardíaca y movimientos musculares. En determinados casos también incorpora video para identificar conductas o movimientos que ocurren durante la noche.

La demanda por este tipo de evaluaciones se relaciona, entre otros factores, con una mayor identificación de trastornos como la apnea obstructiva del sueño. Sin embargo, tener dificultades para conciliar el sueño, despertarse varias veces durante la noche o levantarse con la sensación de no haber descansado no significa necesariamente que exista una enfermedad específica. El estrés, la ansiedad y la transformación de los hábitos cotidianos también pueden alterar significativamente el descanso.

“A nivel mundial muchas personas tienen dificultades para quedarse dormidas, despertares frecuentes o un sueño poco reparador”, explicó Mérida Terán, académica de la Universidad de Santiago y coordinadora del Programa de Especialidad de Neurología de la Facultad de Ciencias Médicas. La especialista apunta especialmente a una rutina en la que la jornada parece no terminar nunca, marcada por la conexión permanente a dispositivos, redes sociales y trabajo.

“Creo que uno de los grandes problemas es que hemos ido extendiendo artificialmente nuestro día. Estamos permanentemente conectados mediante el celular, computador, redes sociales, trabajo, mensajes. Muchas personas llegan a la cama, pero mentalmente siguen trabajando”, sostuvo la doctora a Diario Usach. A esto se suman otros hábitos que pueden dificultar el descanso, como el sedentarismo, el estrés, comer muy tarde o en exceso y consumir cafeína durante la tarde.

La diferencia entre una mala noche y un problema que requiere atención está, en buena medida, en su duración y en el impacto que genera durante el día. Cansancio persistente, somnolencia, irritabilidad, dificultades para concentrarse o una disminución del rendimiento pueden ser señales para consultar a un profesional. En paralelo, el aumento de las solicitudes de polisomnografías ha generado listas de espera que pueden extenderse por tres meses o más, tanto en el sistema público como en el privado, dificultando un diagnóstico oportuno en algunos casos.

“Muchas personas piensan que cuando dormimos el cerebro simplemente se apaga, pero en realidad ocurre todo lo contrario. El sueño es un período de intensa actividad cerebral, en el que se producen procesos fundamentales para nuestra salud: se consolida la memoria y el aprendizaje, se regulan las emociones, se reorganizan distintas funciones cerebrales y se favorecen procesos de recuperación del organismo”, comentó Terán.

Ante este escenario, la especialista plantea que el acceso a los estudios debería considerar la prioridad clínica de cada paciente y que, cuando corresponda, pueden utilizarse alternativas como los estudios de sueño domiciliarios. “Es importante que las listas de espera se gestionen con prioridad clínica y que, cuando se pueda, se utilicen alternativas diagnósticas como los estudios de sueño domiciliarios. La polisomnografía sigue siendo fundamental en determinadas situaciones, pero no todos los pacientes necesitan necesariamente el mismo estudio”, sentenció.

Cómo detectar una posible estafa al cargar combustible

Una denuncia realizada por el creador de contenidos Rodrigo Fernández, conocido como “Otakin”, volvió a poner bajo la lupa las posibles irregularidades que pueden ocurrir al momento de cargar combustible. El hecho ocurrió en una estación de servicio Aramco de Hualpén, en la Región del Biobío, donde el afectado aseguró haber pagado $30.000 por una carga que no habría sido suministrada a su vehículo. Tras solicitar la presencia de Carabineros, según su relato, personal policial habría constatado un “proceso irregular de carga”.

Más allá de este caso particular, existen algunas señales que los conductores pueden revisar para detectar eventuales inconsistencias antes de abandonar una estación de servicio. El académico de la Universidad de Santiago y jefe de la carrera de Ingeniería Civil en Mecánica, Matías Pacheco, explica que una de las modalidades consiste en aprovechar el registro de una carga anterior para hacer creer al cliente que el combustible solicitado efectivamente fue suministrado.

“Los principales métodos de estafa que conozco es que te tratan de engañar con la misma carga de combustible. Esto es que te engañan para creer que cargaste y no fue así”, señala Pacheco. Según explica, una eventual manipulación puede producirse cuando, después de una carga previa, el monto visible en el surtidor es modificado sin iniciar correctamente una nueva operación, manteniendo en pantalla los litros y el valor asociados al cliente anterior.

Por eso, una de las primeras recomendaciones es tan simple como mirar el contador antes de que comience la carga. “Siempre fijarse que el contador de litros de la estación parta de 0 y empiece a subir de a poco”, enfatiza el académico. También resulta útil conocer aproximadamente cuánto combustible necesita habitualmente el vehículo, ya que una referencia sobre los litros que suelen ingresar al estanque permite identificar diferencias entre lo solicitado y lo efectivamente cargado.

Otra situación que requiere atención ocurre cuando el trabajador informa que hubo un error en el monto solicitado y propone completar posteriormente la diferencia. “Uno llega a cargar $40.000 y en la estación le dicen ‘perdón, le había escuchado 20, ahora pongo 20 más’. En ese caso una posibilidad es que los primeros $20.000 hayan hecho lo que comenté anteriormente y luego te cargan solo $20.000 y no los $40.000 originalmente solicitados”, sostiene Pacheco. Ante este tipo de escenarios, recomienda comprobar que el monto final corresponda exactamente a la cantidad de combustible solicitada.

El académico también plantea una medida preventiva poco habitual: evitar, cuando sea posible, montos completamente cerrados. “Otra forma es pedir montos no cerrados, por ejemplo $19.000, así no pueden usar lo anterior”, afirma. La idea es dificultar que un registro previo pueda confundirse con la nueva operación y, al mismo tiempo, mantener un mayor control sobre el monto que aparece en el surtidor.

La boleta, finalmente, puede convertirse en una de las principales herramientas para comprobar que la operación corresponde efectivamente a la carga realizada. Pacheco recomienda revisar la fecha y el horario del documento y conservarlo después del pago. “Que la boleta que le den a uno corresponda a la fecha y horario, incluso los minutos aproximados, para que no sea una anterior del mismo día”, explica. También considera que utilizar la aplicación de la propia estación puede agregar una capa adicional de trazabilidad, aunque advierte que “no es 100% seguro”. En cualquier caso, revisar el contador desde cero, verificar los litros y el monto final y guardar el comprobante permite al conductor tener mayor control sobre una operación que muchas veces ocurre en cuestión de minutos.

Chile estudia el modelo italiano de cárcel dura para combatir al crimen organizado

Tras la aprobación de la megarreforma en el Congreso, el Gobierno de José Antonio Kast puso la seguridad pública en el centro de su agenda con el anuncio de la nueva “Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT)”. Entre las medidas que comienzan a tomar forma aparece una propuesta especialmente dura: crear un régimen penitenciario especial para los internos de mayor peligrosidad, particularmente aquellos que continúan dirigiendo organizaciones criminales desde las cárceles.

El modelo que aparece como referencia es el artículo 41-bis de la legislación italiana, un régimen creado en 1975 y endurecido durante los años noventa, en plena ofensiva del Estado italiano contra las organizaciones mafiosas. La lógica detrás de esta herramienta es directa: cortar las comunicaciones entre los líderes encarcelados y las estructuras criminales que permanecen operativas fuera de los recintos penitenciarios. En Chile, Kast ya había planteado estudiar esta alternativa durante una visita a Italia en febrero, bajo la idea de “recuperar el control de las cárceles”.

El 41-bis, conocido también como régimen de “cárcel dura”, contempla condiciones de aislamiento mucho más estrictas que las del sistema penitenciario ordinario. Entre sus principales características se encuentran hasta 21 horas diarias dentro de la celda, restricciones a las visitas y comunicaciones y un máximo de tres horas de salida al patio. La medida busca limitar los canales mediante los cuales los internos pueden transmitir órdenes, coordinar acciones o mantener vínculos con las organizaciones criminales que operan en el exterior.

La discusión no es solamente política. Durante un seminario realizado en la Universidad Diego Portales, donde se analizó la eventual aplicación de un sistema similar en Chile, Angela Della Bella, catedrática de Derecho Penal de la Universidad Estatal de Milán, explicó el origen de la experiencia italiana. “La incapacidad del presidio ordinario para neutralizar la peligrosidad de los presos de la delincuencia organizada (italiana) era clara. La necesidad de romper los vínculos entre el preso y la asociación criminal exterior, para evitar que siguiera dando órdenes, es lo que llevó al nacimiento del régimen del 41 bis en Italia”.

En Chile, uno de los problemas que complejiza cualquier intento de trasladar este modelo es la propia estructura de las cárceles. El académico del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Santiago, Mauricio Olavarría, advierte que durante décadas se ha desarrollado una cultura penitenciaria marcada por espacios colectivos de alta concentración de internos. “Esto ha llevado a que muchos internos vivan en los llamados ‘carretes’ o ‘piezones’, que son grandes espacios colectivos donde conviven decenas de personas”, describió.

Olavarría reconoce que la experiencia italiana “ha contribuido a limitar la capacidad operativa de las mafias y a reducir determinadas expresiones de violencia”, pero advierte que el modelo no puede entenderse como una fórmula definitiva. “No existe una solución definitiva. El crimen organizado es un fenómeno dinámico que permanentemente adapta sus estrategias frente a las medidas adoptadas por el Estado. En ese sentido, ninguna política constituye una respuesta permanente”, afirmó.

La eventual creación de un régimen de estas características abre así un debate que va más allá de aumentar el nivel de aislamiento de determinados presos. El desafío será determinar si Chile cuenta con la infraestructura, los mecanismos de control y las capacidades institucionales necesarias para evitar que los líderes del crimen organizado continúen operando desde las cárceles, sin convertir la política penitenciaria en una respuesta aislada frente a un fenómeno que cambia constantemente.

Para el académico de la Usach, esa es precisamente la principal incógnita. La “eficacia de cualquier modelo penitenciario sólo puede evaluarse con el paso del tiempo y a partir de su capacidad para adaptarse a una realidad criminal que también evoluciona de manera permanente”, concluyó Olavarría. La experiencia italiana puede servir como referencia, pero la discusión chilena recién comienza y tendrá que resolver cómo adaptar una herramienta nacida en el combate contra la mafia a las particularidades del crimen organizado local.

La ansiedad dejó de ser una excepción y se convirtió en una alerta cotidiana

Sentir ansiedad antes de un examen, una entrevista de trabajo o una entrega importante es una respuesta natural del organismo. El problema comienza cuando esa sensación deja de ser pasajera y se instala como un estado permanente. En Chile, esa realidad afecta a una parte importante de la población. Según el Termómetro de Salud Mental 2025, elaborado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y la Pontificia Universidad Católica, el 25,8% de las 2.300 personas consultadas declaró experimentar ansiedad generalizada, convirtiéndose en el indicador de mayor prevalencia dentro del estudio.

Para Isabel Puga, psicóloga del Centro de Salud de la Universidad de Santiago, la ansiedad no siempre representa un problema. La especialista explica que, desde una perspectiva clínica, se trata de un mecanismo de supervivencia que permite al cerebro responder frente a desafíos cotidianos. “Desde el punto clínico es fundamental comprender que la ansiedad, en su esencia, es una respuesta vital. Imaginemos a nuestro sistema nervioso como un sofisticado centro de vigilancia. Y cuando enfrentamos un desafío cotidiano (como el plazo para una entrega, una dificultad laboral o una demanda académica), esta estructura se activa, libera energía y nos permite movilizar recursos para solucionar el problema”. En condiciones normales, esa activación desaparece una vez superada la situación estresante.

El escenario cambia cuando la ansiedad deja de responder a amenazas concretas y se transforma en un estado permanente de alerta. En esos casos, el cerebro comienza a interpretar estímulos cotidianos como si representaran un peligro constante, afectando tanto el funcionamiento emocional como el cognitivo. Según la académica, este proceso responde a una alteración en la comunicación entre la corteza prefrontal, encargada del razonamiento, y la amígdala, responsable de procesar las emociones, generando una sensación continua de amenaza que las personas no pueden controlar de manera voluntaria.

Las consecuencias de esa hipervigilancia se extienden mucho más allá de la preocupación constante. La especialista advierte que la exposición prolongada al estrés deteriora funciones esenciales del cerebro, afectando la memoria, la capacidad de concentración, la planificación y la toma de decisiones. A ello se suman manifestaciones físicas que suelen pasar desapercibidas, como dolores de cabeza persistentes, problemas gastrointestinales, alteraciones del sueño, irritabilidad y agotamiento generalizado, síntomas que muchas veces terminan normalizándose pese a ser señales claras de un trastorno que requiere atención.

Frente a este panorama, Puga sostiene que la primera tarea consiste en abandonar la idea de que la salud mental funciona separada del cuerpo. “No existe salud mental sin la física”, afirma la psicóloga, enfatizando que ambos aspectos forman parte de un mismo sistema. La especialista también advierte que existen señales que no deben ignorarse, como el aislamiento social, el abandono de actividades que antes resultaban placenteras, las crisis de pánico, las palpitaciones, la falta de aire, el insomnio profundo o la aparición de pensamientos de desesperanza. “Debemos poner alerta cuando la gente comienza a desarrollar conductas de evitación (dejando de ir al trabajo, se aísla de sus vínculos afectivos o abandona intereses que antes les generaban placer). Y cuando se presentan síntomas somáticos, como las palpitaciones, la falta de aire o el insomnio profundo o cuando aparecen pensamientos de desesperanza, estamos ante un punto de inflexión. Ahí la ayuda de especialistas es fundamental para que los sujetos tengan la capacidad para retomar el control de sus propias trayectorias de vida”, señaló.

Más allá del tratamiento individual, la académica considera que el desafío también es estructural. Si bien Chile cuenta con programas y políticas de salud mental, sostiene que el sistema sigue funcionando de manera reactiva y fragmentada. Para la especialista, la verdadera prevención pasa por fortalecer la coordinación entre salud, educación y trabajo, además de impulsar políticas que reduzcan el desgaste psicológico asociado al ritmo de vida actual. En un contexto donde uno de cada cuatro chilenos reconoce convivir con ansiedad generalizada, el reto ya no es únicamente atender los casos existentes, sino construir una cultura que proteja el bienestar mental antes de que el agotamiento se transforme en enfermedad.

Venezuela reabre el debate sobre la preparación sísmica en Chile

Los dos terremotos que golpearon a Venezuela esta semana, dejando al menos 164 fallecidos, 971 heridos y decenas de edificios colapsados, volvieron a recordar una realidad que América Latina conoce demasiado bien: cuando la tierra se mueve, la diferencia entre una tragedia y una emergencia controlada suele estar en cómo se construyen las ciudades. Mientras el país caribeño enfrenta las consecuencias de uno de los peores desastres naturales de su historia reciente, en Chile la pregunta surge de inmediato: ¿estamos realmente preparados para un evento similar?

El denominado “doblete sísmico”, conformado por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia y a escasa profundidad, provocó un nivel de destrucción inusual. Según explica el geólogo Ayaz Alam, académico de la Universidad de Santiago, “el doblete sísmico de Yaracuy consistió en dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, con epicentros a 21,9 y 10 kilómetros de profundidad, respectivamente, y ocurrieron sobre el sistema de fallas de Boconó, en el límite entre las placas del Caribe y Sudamericana. Lo que los hizo tan devastadores no fue solo su magnitud, sino precisamente esa escasa profundidad”.

La comparación con Chile es inevitable, aunque los especialistas llaman a no simplificar el escenario. Mientras la mayoría de los grandes terremotos chilenos provienen de procesos de subducción entre las placas de Nazca y Sudamericana, también existen fallas corticales capaces de generar sismos superficiales, especialmente en la Región Metropolitana, Atacama y el sur del país. “Los terremotos superficiales (a menos de 20 km de profundidad), como el venezolano, corresponden a otro tipo de mecanismo: fallas de desgarre o fallas corticales. Estos sí existen en Chile, especialmente en zonas como la Región Metropolitana, Atacama, y el sur del país. Y ante ese tipo específico de eventos, nuestra preparación es heterogénea: los edificios modernos están bien diseñados, pero el parque habitacional antiguo y las construcciones en adobe o mampostería no reforzada son nuestra mayor vulnerabilidad”, advierte Alam.

Una de las mayores diferencias está en la ingeniería. Chile lleva décadas fortaleciendo su normativa sísmica a partir de la experiencia acumulada tras terremotos históricos. Para Leonardo Brescia, doctor en Ciencias de la Ingeniería y académico de la Usach, esa evolución ha permitido que el país cuente con edificaciones mucho más resistentes que las observadas en otras zonas de América Latina. “En Chile los edificios se diseñan bajo la normativa de la NCh433 (Diseño Sísmico de Edificios), en conjunto con los decretos 60 y 61. Y en dicha normativa, la NH 433, en el capítulo 5, se establece básicamente que los edificios en caso de un sismo leve no debe pasar nada, en un sismo mediano pueden haber daños de elementos menores y en un sismo de mayor categoría básicamente no debe colapsar la estructura para que no falle el canal. Eso ha hecho que en Chile el diseño sea bastante robusto”.

La tragedia venezolana también expuso las consecuencias de construir con materiales altamente vulnerables frente a movimientos intensos. Gran parte de los edificios afectados corresponden a estructuras de mampostería sin refuerzo o adobe, materiales que presentan un comportamiento frágil durante un terremoto. En contraste, la construcción chilena privilegia el hormigón armado y los muros de corte, sistemas que distribuyen mejor las cargas sísmicas y reducen el riesgo de colapso estructural, aunque los expertos insisten en que aún existen edificaciones antiguas que requieren atención.

Más allá de las cifras y las comparaciones técnicas, el desastre ocurrido en Venezuela vuelve a demostrar que la preparación sísmica nunca puede darse por garantizada. Chile posee una de las normativas más exigentes del mundo y una experiencia reconocida internacionalmente, pero la existencia de viviendas antiguas, construcciones informales y fallas geológicas activas recuerda que la resiliencia depende tanto de la ingeniería como de la constante actualización de las políticas de prevención. En un país acostumbrado a convivir con los terremotos, el mayor riesgo sigue siendo creer que ya está todo aprendido.