A más de 5,100 metros de altitud, el glaciar del Huayna Potosí en Bolivia se desmorona ante el avance del cambio climático. Donde antes había una gruesa capa de hielo azul, hoy sobresalen rocas desnudas y un lago recién formado marca el retroceso del glaciar, que disminuye a un ritmo alarmante de 24 metros al año.
Un equipo internacional de científicos de los Andes y el Himalaya, con apoyo de la FAO y el OIEA, ha instalado sensores de neutrones de rayos cósmicos para medir la acumulación de nieve y monitorear el deshielo. Los datos confirman lo inevitable: el glaciar está desapareciendo, amenazando la seguridad hídrica de comunidades enteras.
Miles de personas dependen de este glaciar para el abastecimiento de agua potable, la agricultura y el pastoreo en el altiplano boliviano. Sin embargo, el aumento de las temperaturas, los sedimentos que oscurecen el hielo y fenómenos como El Niño están acelerando el proceso. De mantenerse la tendencia actual, el glaciar occidental del Huayna Potosí podría desaparecer en solo 20 años.
Ante esta crisis, las comunidades han comenzado a almacenar agua mediante embalses y nuevas técnicas agrícolas para mejorar la absorción del suelo. Los científicos buscan generar conciencia y movilizar recursos para enfrentar los desafíos del futuro.
El retroceso del Huayna Potosí no es un caso aislado, sino parte de un patrón global de pérdida de glaciares que afecta a millones de personas. La reducción de estas reservas de agua congelada no solo impacta los ecosistemas locales, sino que también altera el equilibrio hídrico de regiones enteras. A medida que la crisis se profundiza, la colaboración entre gobiernos, científicos y comunidades se vuelve esencial para encontrar soluciones sostenibles y mitigar los efectos del calentamiento global.