Ciencia e innovación

OMS publica lista de 19 hongos peligrosos que causan la muerte de más de 1,6 millones de personas al año

Cryptococcus neoformans, Aspergillus fumigatus, Candida albicans y Candida auris fueron los cuatro hongos de importancia crítica que entraron en la “lista negra” de patógenos fúngicos publicada recientemente por la Organización Mundial de la Salud, especies asociadas a enfermedades graves como la meningitis, infecciones de distintos órganos y sistémicas y a la resistencia a los antimicóticos, este último, un fenómeno de creciente preocupación global.

Esta “Lista de patógenos fúngicos prioritarios” la integran en total 19 tipos de hongos categorizados como de prioridad “crítica”, “alta” y “media”, organismos de importancia médica que provocan la muerte de más de 1,6 millones de personas al año y causan enfermedades a largo plazo en cientos de millones más.

Eduardo Álvarez Duarte, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la Universidad de Chile y representante en nuestro país de la “Acción Mundial para las Infecciones Fúngicas” (GAFFI), afirma que “esta lista prioritaria de hongos de importancia médica es crucial para el mundo y, por supuesto, para nuestro país. Por primera vez en la historia, se coloca el foco en hongos que causan una serie de enfermedades, muchas veces silentes. El número real de estas infecciones en Chile es desconocido, por lo que el real impacto a nivel local no se conoce con certeza. De hecho, el único esfuerzo nacional fue realizado junto a GAFFI el año 2017, donde estimamos que alrededor de 350.000 chilenos al año sufren de una micosis potencialmente letal”.

De acuerdo al documento publicado por la OMS, “esta lista está centrada en los patógenos fúngicos responsables de micosis sistémicas agudas y subagudas para las que existe resistencia a los medicamentos u otros problemas de terapéutica y gestión o, dada su prevalencia. Los patógenos incluidos están todos asociados con graves riesgos de mortalidad y/o morbilidad”, particularmente entre la población inmunocomprometida, como las personas de mayor edad o pacientes diabéticos, VIH/SIDA o con cáncer, entre muchas otras afecciones. El profesor Álvarez precisa que la definición de estos patógenos como prioritarios se estableció básicamente en función de cuatro parámetros críticos: prevalencia en la población, mortalidad asociada, resistencia a antifúngicos y acceso al diagnóstico.

Uno de los hongos críticos es Cryptococcus neoformans, “que tiene una alta prevalencia a nivel mundial, y una mortalidad que oscila entre un 40 y 60%. Este es un microorganismo con el que hay que tener ojo. Las meningitis fúngicas son un tema importante, sobre todo considerando que los pacientes inmunocomprometidos van al alza. Tenemos una masa de pacientes en esta categoría, personas mayores y con enfermedades de base, que crece, así como las expectativas de vida y la población envejecida”, señala el especialista. Además, el acceso al diagnóstico de esta micosis en otras latitudes, como algunos países de África, es difícil, en circunstancias de que es una técnica cuyo costo aproximado no supera los US$5. Otro de los hongos incluidos en la categoría de críticos es Candida albicans, que si bien presenta una resistencia a los antifúngicos más bien baja, “registra una mortalidad asociada, de entre un 20 a 40%. Algunos autores hablan de entre un 20 a 50%, es decir, es un hongo con el que hay que tener ojo por su índice de mortalidad. También es uno de los hongos que produce más infecciones fúngicas, es muy prevalente”.

El académico de la Universidad de Chile destaca que 14 de los 19 hongos incorporados a esta lista actualmente están en el país, incluyendo los cuatro calificados como de importancia crítica. Advierte, además, que algunos de estos se han expandido por el mundo cada vez con mayor intensidad, gracias al desarrollo del turismo a escala global y los procesos migratorios. De hecho, dos de las especies de hongos encontradas recientemente en Chile corresponden a micosis importadas desde zonas tropicales y subtropicales: Candida auris (categorizado como crítico) e Histoplasma capsulatum. Respecto a esta última especie, “ya hemos diagnosticado cerca de 40 casos de esta micosis importada. Candida auris, en tanto, apareció hace un par de años en nuestro país y ha generado alarma por su alta resistencia a los antifúngicos y a compuestos que se ocupan como desinfectantes ambientales. Esta capacidad le ha permitido instalarse en ambientes intrahospitalarios y provocar brotes”, advierte Álvarez.

La resistencia a los antifúngicos es uno de los aspectos de mayor preocupación global. Esta propiedad puede estar asociada a capacidades específicas de cada especie de hongo, como es el caso de Candida auris, pero también puede desarrollarse por el uso indiscriminado de los pocos antifúngicos existentes. Tal es el caso de los azoles, fármacos que se utilizan como antimicóticos en humanos, pero también en la agricultura, por ejemplo, para el control de Aspergillus fumigatus, que vive en ambientes de prácticamente todo el mundo. De acuerdo al representante de GAFFI en Chile, este hongo de prioridad crítica, que puede provocar infecciones respiratorias como la aspergilosis, “ha presentado mutaciones en algunos de sus genes y muchas de ellas se relacionan con la resistencia a los antifúngicos que se ocupan en la agricultura. Es un mecanismo de adaptación, de evolución, que el hongo ha desarrollado para seguir viviendo”, explica.

El problema es que esta resistencia desarrollada en la agricultura finalmente también afecta a los tratamientos que se ocupan en humanos, especialmente en pacientes inmunocomprometidos. Este fenómeno, conocido como resistencia cruzada, implica que “si un paciente desarrolla una infección por este hongo que se hizo resistente a los azoles por su utilización en la agricultura, se puede hacer resistente a los azoles utilizados en humanos y ya no habrá con qué tratarlo. Significa que si se complica puede morir”. A esto, se agrega la posibilidad de que las capacidades de resistencia puedan traspasarse entre distintos hongos, tal como ocurre con las bacterias. “Por mucho tiempo se pensaba que estos mecanismos no estaban presentes en hongos. No obstante, hay algunos estudios que han demostrado que entre hongos sí hay intercambio de información genética, por lo que no podemos descartar que existiese un traspaso de información genética codificante de resistencia, aunque probablemente no es el mecanismo más usual”, plantea.

La organización “Acción Mundial para las Infecciones Fúngicas (GAFFI)” ha trabajado con la OMS durante varios años para incluir a todos los antifúngicos y métodos de diagnóstico clave en las Listas de Diagnósticos Esenciales y de Medicamentos Esenciales. “Las enfermedades fúngicas son una amenaza mundial, con una gran desigualdad en el acceso a diagnósticos y medicamentos antifúngicos que pueden salvar vidas. El compromiso de la salud pública, con la integración de los diagnósticos en la atención rutinaria, tiene el potencial de salvar innumerables vidas cada año. El compromiso de la OMS es fundamental para mejorar la salud mundial y hacer frente al creciente espectro de la resistencia a los antifúngicos”, sostiene David Denning, director ejecutivo de GAFFI.

En este sentido, la lista elaborada por la OMS tiene como objetivo impulsar nuevas investigaciones e intervenciones políticas tendientes a reforzar la respuesta mundial a las infecciones fúngicas graves, colocando especial atención a la resistencia a los antifúngicos. “Afortunadamente, en Chile tenemos un sistema de diagnóstico de las micosis bien implementado, lo que nos permite realizar diagnósticos certeros y rápidos. Esto contribuye enormemente a la proyección exitosa de la infección en los pacientes, disminuyendo la letalidad. Este sistema evidentemente funciona bien en grandes ciudades, pero posiblemente aún falte en las ciudades más pequeñas o extremas”, comenta el profesor Álvarez respecto a la situación del país.

Indica también que “es importante visibilizar el problema, extender la red diagnóstica y -por sobre todo- generar las instancias educativas y de formación de capital humano competente en la materia, labor que venimos realizando desde nuestro laboratorio en los últimos años”. Uno de los aspectos centrales, señala, es la educación de la población para evitar que las personas se automediquen, mal utilicen antifúngicos y prevenir así que los hongos desarrollen mecanismos de resistencia. “También medidas tendientes a hacer un uso racional de los antifúngicos en la agricultura, normas para el uso racional de antifúngicos en seres humanos y animales, y la disposición de fondos para proyectos que -por ejemplo- permitan la búsqueda de nuevos antifúngicos, ya que hoy tenemos entre 10 y 12, no más que eso. Entonces, es necesario hacer mayor investigación al respecto”, concluye.

10,4 toneladas de residuos electrónicos recolectó la Reciclatón e-waste de la U. de Chile

Metales y minerales como el aluminio, el oro, la plata, el cobre y el estaño, además de elementos raros como el europio, el itrio, el neodimio o el terbio, se pueden encontrar entre los componentes de los dispositivos electrónicos que usamos a diario. Celulares, notebooks e impresoras, y también sus cables, contienen en su interior una verdadera mina urbana, que se desperdicia al llegar a los vertederos, donde además contaminan el suelo.

Para ayudar a combatir esa contaminación y lograr que muchos de estos aparatos puedan ser reparados y tengan una segunda vida, la Oficina de Ingeniería para la Sustentabilidad (OIS) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, organiza la Reciclatón e-waste, que este año logró recolectar 10,4 toneladas de residuos electrónicos en tres días.

“La Reciclatón de este año marcó un hito en nuestras campañas, siendo la más exitosa que hemos realizado. No solo acopiamos la mayor cantidad de residuos a nivel histórico, sino también vimos un aumento en la participación, tanto de organizaciones como de personas naturales que fueron a donar. De hecho, la participación de este último grupo creció en cerca de un 40% con respecto a la versión del año pasado”, contó Pablo Garrido, jefe de la OIS-FCFM. 

“Este tipo de eventos nos permite generar una cultura más sustentable y apoyarnos como Universidad de Chile en esta misión. Según las cifras de este año, el 46% de los residuos acopiados fueron de la Universidad, no sólo de la FCFM, también de otras facultades como Ciencias, Arquitectura y Urbanismo, Odontología y Campus Sur. Del mismo modo, también nos permite vincularnos con la comunidad, el 24% de los residuos fueron entregados por organizaciones externas a la Universidad y un 30% por personas naturales”, comentó Reynaldo Cabezas, secretario ejecutivo del Comité por la Sustentabilidad de la Universidad de Chile.

El principal cúmulo de residuos se logró en computadoras (2989,8 kg) –entre ellos había 300 notebooks–, seguido de impresoras (2013,2 kg), pilas y baterías (1433,8 kg). Se recopilaron más de 900 kg en cables y componentes, y más de 250 kg de mouses y teclados. Gran parte de los computadores y otros dispositivos serán reacondicionados por la Fundación Chilenter, para ser entregados a organizaciones sociales del país, como escuelas y centros de emprendimiento.

“Aportar a incentivar la cultura del reciclaje en nuestro país es una de las misiones que tenemos. Todos los componentes que llegaron van a ser revisados y pasarán a nuestros procesos de reacondicionamiento y/o reciclaje. Felicitamos una vez más al equipo de la Facultad de Ingeniería por hacer posible esta iniciativa”, sostuvo Matías González Pacheco, director ejecutivo de Chilenter. 

En esta versión, además de 41 organizaciones que llevaron sus residuos electrónicos, 383 personas fueron a entregar los suyos a la Facultad. “Es una tremenda recompensa el poder escuchar los agradecimientos de las personas y organizaciones externas a nuestra institución, felicitando al equipo. Se puede notar que aprecian que la Universidad de Chile genere este tipo de instancias de vinculación con el medio, tomando como vehículo una mayor responsabilidad con nuestros residuos y con la sustentabilidad”, subrayó Garrido. 

Además de dispositivos electrónicos, este año también se recolectaron baterías de auto, cuyos componentes principales, el ácido sulfúrico y el plomo, contribuyen a la contaminación del agua y del suelo. Recimat, empresa nacional encargada de reciclarlas, se llevó más de una tonelada. 

Prueban eficacia del aceite de coco contra hongo de alta prevalencia y mortalidad en personas inmunosuprimidas

En nuestro cuerpo es factible encontrar una diversidad de hongos adaptados para vivir en forma comensal, siendo en su mayoría incluso beneficiosos. Sin embargo, en el caso de que una persona presente un estado inmunodeprimido, esta relación puede pasar de comensal a patógena, provocando infecciones fúngicas tanto locales como sistémicas. Este es el caso de Candida albicans, hongo que vive como comensal en la cavidad oral, tracto gastrointestinal y mucosa genital de alrededor del 50% de la población, pero que frente a un estado inmunosuprimido de su hospedero se transforma en un patógeno. De hecho, la Doctora Ximena Lee Muñoz, profesora de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile, plantea que Candida albicans es responsable del 70% de las infecciones fúngicas en este grupo de pacientes, causando alrededor de un millón de muertes al año a nivel mundial.

Este hongo es causante de una enfermedad llamada candidiasis, que puede manifestarse tanto en cavidades orales como vaginales, “la cual es muy frecuente y afecta principalmente a quienes presentan alteraciones en el sistema inmune, como pacientes VIH+, enfermedades sistémicas crónicas como la diabetes, personas que tengan un uso prolongado de antibioterapia de amplio espectro y corticoides, y quienes reciben quimio o radioterapia para el tratamiento del cáncer, entre otras condiciones. También tiene una marcada prevalencia en edades extremas, tanto bebés como personas mayores”, explica la académica de la Casa de Bello.

En el caso de la cavidad oral, agrega, “Candida albicans es capaz de complicar ciertas lesiones orales como la estomatitis protésica, la cual afecta al 30% de las personas que en Chile portan prótesis dentales. El enfoque de tratamiento es local y/o sistémico, de alto costo y baja cobertura en el sistema público. Adicionalmente, existe riesgo de prescribir fármacos antifúngicos no ajustados en dosis o con resistencia a ellos, y los pacientes que no accedan a una atención oportuna afectan su calidad de vida, pues estas lesiones generan malestar e incomodidad, determinando la no utilización de las prótesis dentales, disminuyendo la eficacia masticatoria y alterando el estado nutricional”.

Este problema fue el foco del proyecto FONIS SA19I0025: “Triglicéridos de cadena media y su efecto frente a Candida albicans oral”, iniciativa liderada por la Doctora Ximena Lee que probó el uso de aceite de coco como antimicótico contra esta patología. El ensayo clínico, desarrollado en colaboración con la Municipalidad de Recoleta, determinó la eficacia de este tratamiento, “que da buenos resultados ya a la primera semana de uso, lo que favorece los procesos de cicatrización de los tejidos y la recuperación de la funcionalidad de las mucosas afectadas”, comenta la especialista. De esta manera, el nuevo antimicótico “permite resolver un problema de salud en personas mayores del país, puesto que esta condición afecta principalmente a individuos mayores de 60 años portadores de prótesis dental y de enfermedades crónicas no transmisibles, tales como hipertensión, diabetes y depresión, entre otras, y que se distribuyen en todo el territorio nacional”.

La académica de la Facultad de Odontología de la U. de Chile explica que los tratamientos antifúngicos tradicionales muchas veces pueden presentar resistencia antibiótica, a lo que se suman efectos adversos y la toxicidad de algunos de estos medicamentos. Este fenómeno ha promovido el estudio de productos naturales de origen vegetal que poseen altas propiedades antimicrobianas y presentan pocas o nulas reacciones adversas. “Uno de estos productos han sido aquellos aceites que en su composición poseen una alta concentración de ácidos grasos de cadena media, tales como el aceite de sésamo, oliva y de coco. Este último, el aceite de coco en su estado virgen, presenta mayor concentración de dichos ácidos grasos, confiriéndole mayor capacidad antimicrobiana, especialmente en levaduras del género Candida. Uno de esos ácidos grasos es el ácido láurico, el cual tiene la capacidad de inhibir el crecimiento de Candida albicans, a través de la disrupción de su membrana celular”, detalla.

La propuesta, sostiene la Dra. Ximena Lee, es que el aceite de coco virgen al 100% esté dentro de las alternativas terapéuticas contra la candidiasis oral, particularmente entre adultos mayores portadores de prótesis removible. “Pretendemos, de esta forma, disponer de un tratamiento antimicótico alternativo, de nula o baja toxicidad, sin efectos colaterales y de bajo costo, que ayude a recuperar la salud buco-dental del adulto mayor. Con ello, también es preciso indicar que su prescripción está sujeta a un exhaustivo análisis clínico del paciente, con lo cual se determine su efectividad para el caso a tratar”, plantea sobre este producto que busca mejorar la calidad de vida de las personas afectadas, disminuyendo la sintomatología dolorosa que pueden causar las lesiones y en un menor tiempo.

Asimismo, destaca su condición de producto sustentable al ser de origen vegetal, biodegradable y no contaminante, una preocupación creciente en el ámbito médico. “Además de sus características antimicrobianas, puede ser utilizado tanto en lo culinario como en lo cosmético, entre otras aplicaciones, por lo que en caso de que producto del tratamiento quedase aceite sobrante, esto no se desperdicia y se le puede dar otro fin. Distinto es el caso de restos de enjuagues o fármacos, cuyos sobrantes son desechados, no factibles de ser reutilizados o reciclados”, comenta en referencia a los tratamientos tradicionales.

Esta investigación, además, está en sintonía con la “Lista de patógenos fúngicos prioritarios” publicada el pasado 25 de octubre por la Organización Mundial de la Salud, documento que incluye a Candida albicans dentro de los cuatro hongos de importancia médica crítica. Al respecto, indica que “los hongos son los microorganismos menos estudiados debido a la complejidad de su estudio desde lo metodológico. Entonces, este puede ser un gran incentivo para indagar más en el tema, especialmente porque las resistencias a los antifúngicos son cada vez mayores y las características oportunistas del microorganismo pueden agravar a personas con condiciones sistémicas complejas de base, o a quienes cursen cualquier enfermedad aguda que disminuya sus defensas”.

El equipo de investigadores responsables de este proyecto encabezado por la Dra. Ximena Lee también está integrado por la Dra. Carla Lozano, el Dr. Cristian Vergara, y la Dra. Vilma Mejía. También participó en él la estudiante de 6° Año de Odontología en la Universidad de Chile, Javiera Jerez Fuentes, quien se sumó a esta iniciativa en el marco de su trabajo de tesis.

Modelo predice la efectividad de trasplantes renales utilizando herramientas de machine learning

“Identifying Factors Predicting Kidney Graft Survival in Chile Using Elastic-Net-Regularized Cox’s Regression” es el estudio publicado por el académico e investigador del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), Marcelo Olivares, trabajo que fue incluido en la última edición de Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI).

El artículo, en el que también participaron otros 11 investigadores, es resultado de un trabajo conjunto entre el Departamento de ingeniería Industrial, el Instituto ISCI y los centros de trasplante en Chile. En base a esta colaboración, y utilizando herramientas de machine learning (basado en un estudio longitudinal de pacientes con trasplante renal del sistema nacional), el estudio permitió generar indicadores objetivos de factores que predicen la efectividad de los trasplantes renales. 

“Desarrollamos un modelo estadístico predictivo para identificar las características del donante-receptor relacionadas con la supervivencia del injerto renal en la población chilena. Dada la gran cantidad de predictores potenciales en relación con el tamaño de la muestra, implementamos un mecanismo automatizado de selección de variables que podría revisarse en estudios futuros, a medida que se recopilan más datos nacionales”, explica Olivares.

Para ello, se analizaron 822 receptores adultos de trasplante renal (de donantes adultos), entre los años 1998 y 2018, información a partir de la cual desarrollaron un modelo de riesgo de falla del injerto renal para la población chilena. “Hasta donde sabemos, es la base de datos de trasplante renal más grande que existe a la fecha en Chile”, agrega.

Sobre esta base, los investigadores establecieron criterios objetivos que pueden ser utilizados para mejorar la eficiencia en la asignación de este órgano, así como siete variables con el riesgo de falla del trasplante renal: cuatro del donante (edad, sexo masculino, antecedentes de hipertensión y antecedentes de diabetes), dos del receptor (años de diálisis y antecedentes de trasplante de órgano), y uno del trasplante (incompatibilidad HLA – por su sigla en inglés, Human Leukocyte Antigens), único indicador que se considera en Chile para la priorización de pacientes en la asignación de riñones.

“Este tipo de estudios nos ayudará a seguir mejorando nuestro sistema nacional trasplantes. El trabajo recibió financiamiento de Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, a través del proyecto Fondef ID19I10303”, destaca Olivares. El trabajo fue publicado por MPDI, editorial pionera en la publicación académica de acceso abierto desde 1996, que -actualmente- publica 400 revistas científicas revisadas por pares y nueve revistas de conferencias.

Estudio internacional comprueba que gastamos menos energía al masticar que nuestros antepasados

¿Cuán importante es la acción de masticar para nuestra digestión? Dicho proceso comienza en nuestra boca y permite descomponer la comida en partículas más pequeñas, lo que facilita la absorción de nutrientes en el intestino. Esta acción fue objeto de un estudio en el que participó el profesor del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Kornelius Kupczik, un trabajo publicado en la revista Science Advances que analizó los costos metabólicos asociados y cómo influye en ellos las características físicas de los alimentos que se mastican.

Esta investigación colaborativa, desarrollada por el académico de la Universidad de Chile, junto a científicos y científicas de Reino Unido, Alemania y Países Bajos, utilizó la respirometría, un método que mide el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono, y la electromiografía del músculo masetero en sujetos humanos, particularmente en 15 mujeres y 6 hombres entre 18 y 45 años de edad, para obtener información sobre el consumo energético. El estudio determinó que la masticación representa un sumidero de energía medible. Por ejemplo, masticar un chicle inodoro e insípido eleva la tasa metabólica en un 10-15% por encima de la tasa metabólica basal. Por su parte, el gasto energético aumenta con la rigidez del chicle y se paga con un mayor reclutamiento muscular.

Por otra parte, el equipo plantea que la capacidad de masticar evolucionó en algunos vertebrados hace unos 260 millones de años. La evolución de la masticación compleja y de los dientes fue un paso evolutivo clave que permitió a los mamíferos comer una variedad de alimentos diferentes. Sin embargo, los seres humanos han ido más allá, desarrollando formas de procesar los alimentos antes de masticarlos, por lo que son más fáciles de consumir.

De acuerdo al profesor Kornelius Kupczik, “para los humanos modernos es probable que la masticación represente una pequeña parte del presupuesto energético diario. Sin embargo, para nuestros antepasados con músculos masticatorios y dientes grandes, antes de la aparición de la cocina y de los métodos sofisticados de procesamiento de alimentos, los costes debían ser relativamente altos, lo que añade una nueva dimensión energética a la interpretación de la morfología craneofacial de los fósiles humanos”. 

Agrega, además, que “si nos comparamos con grandes simios o chimpancés, ellos pueden gastar hasta seis horas en masticar. Sin embargo, nuestro gasto es menor porque la comida está procesada, pero a su vez nos entrega mucha energía”.

Adam van Casteren, académico de la Universidad de Manchester y primer autor del artículo publicado, añade que “creemos que la necesidad de extraer la máxima energía de las fuentes de alimentos sin desperdiciarla en los costes de procesamiento podría ser una de las fuerzas impulsoras de la evolución de la masticación de los mamíferos, incluyendo nuestra propia especie Homo sapiens”.

La investigación fue plasmada en un artículo publicado recientemente en la revista Science Advances, que destaca –además de sus conclusiones– por el trabajo colaborativo y de redes a nivel internacional. Las instituciones participantes fueron la Universidad de Chile, la Universidad de Manchester (Reino Unido), la Universidad de Maastricht y la Universidad de Leiden (ambas de Países Bajos) y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania).

Descubren distorsiones del espacio-tiempo que podrían revelar la naturaleza de la materia oscura

Utilizando un sistema de Inteligencia Artificial, el grupo multidisciplinario identificó cerca de 5.000 posibles “lentes gravitacionales”, con los cuales se podrán realizar observaciones al Universo distante como nunca antes se había hecho. “Esta es la primera confirmación masiva de lentes gravitacionales”, afirma Sebastián López, astrónomo de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

El científico explica que “estos fenómenos son distorsiones del espacio-tiempo por la presencia de materia oscura”. Agrega, además, que los lentes gravitacionales son un fenómeno predicho teóricamente por Albert Einstein, donde un objeto ultramasivo puede curvar la luz a su alrededor de manera análoga a lo que sucede con un lente óptico. De esta manera, permiten amplificar las imágenes de galaxias muy lejanas, las que serían imposibles de ver con otros métodos.

Los datos, captados mediante instrumentos del Observatorio Keck en Hawai y el Very Large Telescope de Chile, confirmaron 68 de 77 fuentes estudiadas, lo que indica una efectividad del método de 88% de certeza. El artículo fue publicado por la revista Astronomical Journal con el título “The AGEL Survey: Spectroscopic Confirmation of Strong Gravitational Lenses in the DES and DECaLS Fields Selected Using Convolutional Neural Networks”. 

Uno de los principales planteamientos de esta investigación es que los lentes gravitacionales ayudarían a captar la materia oscura, la que es invisible para nosotros. La mayor parte de la masa del Universo está compuesta por ella, pero hasta ahora no ha sido posible detectarla. “Queremos cambiar eso”, asevera López, quien también es Doctor en Astrofísica por la Universidad de Hamburgo, Alemania. “Es la materia oscura la que distorsiona el espacio, de manera que, al medir la luz desviada, puede determinarse la masa que debe provocar dicha curvatura”.

Debido a lo anterior, la detección de estos objetos, ubicados en diferentes regiones y distancias, es un gran paso para lograrlo, ya que permitirá obtener una enorme cantidad de información, sobre todo de las galaxias tempranas.

En este estudio colaboraron investigadores de todo el mundo, que participan en el estudio ASTRO 3D Galaxy Evolution with Lenses (AGEL). Este incluye a científicos de la Universidad de Chile, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, de la Universidad Tecnológica de Swinburne, de la Universidad Nacional de Australia, de la Universidad de Curtin, de la Universidad de Queensland, de la Universidad de California, Davis, y de la Universidad de Portsmouth.

El profesor López participó a través del grupo ARCTOMO (Gravitational-arc tomography), integrado por astrónomos de universidades chilenas y el Observatorio Europeo Austral instalado en el Norte del país. “Aportamos en las observaciones y estamos usando estos lentes gravitacionales para estudiar el material difuso del universo en forma tomográfica”, indica López. “Ahora debemos proseguir con el experimento tomando como base el próximo estudio con el Observatorio Vera Rubin, que está construyéndose en el norte de Chile”, concluyó.

Científicos descubren dos bacterias con potencial antibiótico en el río Mapocho

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que diez millones de personas morirán anualmente, desde 2050, como consecuencia de la aparición de cepas multirresistentes a los tratamientos farmacológicos convencionales. Por esta razón, la búsqueda de nuevas bacterias para el desarrollo de antibióticos es probablemente el mayor desafío sanitario del mundo para este siglo. Esta carrera habitualmente se centra en ambientes extremos. En Chile, por ejemplo, dos puntos destacados son el desierto de Atacama y la Antártica, donde las bacterias deben sobrevivir a condiciones geográficas y ambientales muy particulares.

“Estas bacterias se han buscado frecuentemente en diferentes nichos ecológicos, especialmente lo más extremos, porque se espera encontrar allí bacterias únicas, que no van a estar en ningún otro lugar del mundo. Al ser ambientes poco explorados, se espera encontrar moléculas nuevas porque uno de los grandes problemas hoy es que, cuando se encuentran bacterias inhibidoras, los antimicrobianos que producen ya han sido descritos antes”, explicó Víctor García, académico del programa de Microbiología y Micología del Insitituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) de la U. de Chile.

Las dos bacterias encontradas en el río Mapocho por el equipo de la Universidad de Chile se denominan Pseudomona koreeinsis I1 y Desemzia inserta I2. Estas se caracterizan por tener una capacidad de inhibición de amplio espectro. La primera de ellas es de una familia conocida por producir moléculas antimicrobianas, algunas de ellas de uso comercial; la segunda, en tanto, fue descrita hace más de ochenta años en Alemania, pero solo logró aislarse tres o cuatro veces desde entonces.

El Dr. García asegura que el proyecto Fondecyt contará, entonces, con dos bacterias nuevas, con las que “muy probablemente vamos a salvar el problema de encontrar moléculas ya conocidas. Nuestro proyecto tiene que ver con el descubrimiento y caracterización de esas moléculas, en el contexto del crítico problema para la humanidad que significa la resistencia de los antibióticos a las bacterias”.

La resistencia a los antimicrobianos se produce cuando bacterias, virus, hongos y parásitos cambian a lo largo del tiempo y dejan de responder a los medicamentos, lo que dificulta el tratamiento de infecciones y aumenta el riesgo de propagación de enfermedades, enfermedades graves y muertes, de acuerdo a la OMS. Su consecuencia es que los medicamentos se vuelven ineficaces y las infecciones persisten e incluso tienen mayor riesgo de propagación.

El descubrimiento de dos bacterias con potencial antimicrobiano en las aguas del río Mapocho es el resultado de un trabajo que inicialmente se vinculó con una línea de investigación diferente. El equipo del Dr. Víctor García recopiló muestras del afluente para describir la sobrevivencia de la bacteria causante del cólera (Vibrio cholerae) en ese entorno. “Queríamos ver el efecto de algunas mutaciones de la bacteria para sobrevivir en el río, y para eso tomamos muestras, filtramos el agua y vimos que sobrevivía muy fácilmente. Sin embargo, al hacer el mismo proceso sin filtrar, es decir, con todos los microorganismos que forman la microbiota del Mapocho, la bacteria moría rápidamente. Ahí nos dimos cuenta que lo que sea que tuviera el río, era capaz de matar al patógeno”, relató el investigador.

Al aislar algunos de los microorganismos que componen la microbiota –la comunidad de bacterias, virus, arqueas y eucariotes de un entorno determinado– del Mapocho, comenzaron a probar uno por uno contra distintas bacterias patógenas. Así, finalmente, encontraron que dos de ellas tenían una enorme capacidad de antagonizar con la Vibrio cholerae, y también con otras bacterias de alta patogenicidad.

“La OMS hizo una lista para priorizar bacterias patógenas que están causando problemas para la salud y el desarrollo de antibióticos. De esos tres grupos, crítico, alto y medio, probamos con bacterias de los grupos crítico y alto, y las bacterias del Mapocho fueron capaces de eliminarlas. Aparentemente, tienen un gran potencial de producción de antimicrobianos, útiles para combatir el problema que enfrentamos”, destacó el Dr García.

En una investigación previa al proyecto Fondecyt que comienza, lograron –gracias a técnicas bioinformáticas– secuenciar el genoma de estas dos bacterias. Después, aplicando técnicas de minería genómica, se buscaron genes que pudieran estar involucrados en la producción de nuevos antimicrobianos. Ahora, el desafío es identificar qué moléculas antimicrobianas están produciendo estas dos bacterias. Tecnologías como espectrometría de masas y resonancia magnética nuclear serán fundamentales para consolidar las expectativas sobre estos dos microorganismos.

La aproximación a cada una de estas bacterias es diferente. Para la Pseudomonas, implementarán técnicas de manipulación de algunos genes posiblemente involucrados en la producción de antibióticos, en particular el de una proteína que utilizan las bacterias para matar a competidoras cercanas, llamada piocina. Clonarán el gen de esta proteína y lo insertarán en una bacteria inocua para determinar si es capaz de matar a un patógeno.

Según el académico de la Universidad de Chile, “esto es posible porque la Pseudomonas es relativamente amigable para ser manipulada genéticamente, a diferencia de la otra bacteria, cuyas vías metabólicas de inhibidores son demasiado grandes para clonarlas, entenderlas y ser precisos en determinar que estamos efectivamente clonando todo lo que necesitamos. Por eso, para Desemzia incerta I2 la estrategia es bioquímica”. Esto significa que la bacteria será puesta en un medio de cultivo, y se esperará que secrete al ambiente donde crece las sustancias que utiliza para matar bacterias. Luego, ese medio de cultivo será fraccionado por métodos físicos, químicos y bioquímicos hasta encontrar exactamente el segmento responsable de su potencial antimicrobiano.

De esta manera, el grupo de investigadores espera determinar la identidad de los componentes antibióticos en ambos microorganismos encontrados en el río Mapocho. “Lo que estamos haciendo es algo que siempre se ha hecho: buscar antibióticos en los microorganismos que viven en diferentes nichos ecológicos (…) Siempre la fuente natural de los antibióticos han sido los mismos microorganismos, pues están habituados a antagonizar entre ellos en la naturaleza. Así surgió el primer antibiótico que usamos, que es la penicilina, producido por un hongo que era capaz de matar una bacteria. Las bacterias siempre están peleando entre ellas en el ambiente, y han aprendido a eliminar a las competidoras. Los científicos, una vez que entendimos eso muy temprano en el desarrollo de la microbiología, empezamos a buscar los antimicrobianos en diferentes lugares”, explicó el profesor de la Universidad de Chile. 

Los antimicrobianos, incluidos los antibióticos, antivirales, antifúngicos y antiparasitarios, son medicamentos utilizados para prevenir y tratar infecciones en seres humanos, animales y plantas. En ocasiones, se llama “supermicrobios” a los microorganismos que desarrollan resistencia a estos antimicrobianos. La OMS alerta que este fenómeno es una amenaza para la salud, la seguridad alimentaria y el desarrollo, por lo cual estableció una clasificación de tres grupos en función de la urgencia para desarrollar nuevos antibióticos: prioridad crítica, alta o media. Entre estos, se incluyen las 12 familias de bacterias más peligrosas para la salud humana.

En los últimos cinco años solo se han aprobado doce antibióticos, y -de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud- el desarrollo de estos se encuentra “estancado”. Además, diez de los que fueron aprobados pertenecen a tipos que ya enfrentan resistencias. “Antes tratábamos a las infecciones microbianas con un número relativamente alto de opciones, pero ese número se ha ido reduciendo porque las bacterias, por evolución, van adquiriendo, acumulando y transmitiendo resistencia entre ellas”, plantea el Dr. García.

Según los análisis anuales de la OMS, en 2021 solo había 27 nuevos antibióticos en desarrollo clínico contra patógenos que se consideran prioritarios, frente a los 31 de 2017. En términos más generales, el informe describe que, de los 77 antibacterianos en fase de desarrollo clínico, 45 son “tradicionales” y 32 son “no tradicionales”. Entre estos últimos se encuentran los anticuerpos monoclonales y los bacteriófagos, que ofrecen nuevas oportunidades para abordar las infecciones por bacterias resistentes a los antimicrobianos desde diferentes ángulos. Por término medio, la resistencia a la mayoría de los nuevos fármacos se registra dos o tres años después de su entrada en el mercado.

“El panorama en los años venideros será aún peor porque nuestro ritmo de desarrollo de antibióticos es mucho menor que el de las bacterias de adquirir resistencia. Las proyecciones son preocupantes y millones de personas podrían morir cada año por la insurgencia de bacterias multiresistentes”, advierte el investigador del ICBM. Entre los obstáculos para el desarrollo de nuevos productos se encuentran el largo camino hasta la aprobación, el alto coste y las bajas tasas de éxito. La OMS señala que se necesitan inversiones urgentes y concertadas en investigación y desarrollo por parte de los gobiernos y el sector privado para acelerar y ampliar la oferta de antibióticos.

En este contexto, el proyecto Fondecyt, que se extenderá por los próximos tres años, espera determinar la identidad de los metabolitos o proteínas que producen las dos bacterias encontradas en las aguas del río Mapocho, como el puntapié inicial para proyectar un posible proceso de transferencia. “En una segunda etapa, después de la caracterización e identificación de estas moléculas, la ruta apunta a probar en modelos celulares y animales y -eventualmente- en modelos similares al humano para evaluar su efectividad antimicrobiana. Es un proceso complejo y desafiante, que termina con el ensayo clínico en humanos”, sostiene el académico.

Especialistas explican causas y cómo detectar socavones con anticipación

El socavón ocurrido recientemente en Tierra Amarilla, comuna del Norte Chico ubicada a 15 kilómetros de Copiapó, en la Región de Atacama, es el más grande que se ha registrado en el país en el último tiempo. La comunidad de la zona, cuya principal fuente de ingresos proviene de la minería, está en alerta tras la impresionante magnitud del evento registrado hace unas semanas: 32 metros de diámetro y 64 metros de profundidad. Advierten, además, que ha aumentado su tamaño al doble.  

Ante esto, la Oficina Nacional de Emergencias (ONEMI) decretó Alerta Temprana Amarilla en la zona por la amenaza de subsidencia, es decir, el riesgo de que aparezca otro agujero. En tanto, el viernes recién pasado, el Presidente Gabriel Boric llegó a la zona y anunció que sostendrá una reunión técnica con autoridades y especialistas para analizar el fenómeno y garantizar la seguridad de la comunidad.

Respecto a este fenómeno, el profesor Felipe Ochoa, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, explicó que un socavón es un accidente de terreno que corresponde a la expresión final de un proceso lento y silencioso que puede estar mucho tiempo sin evidenciarse.

“Un socavón es un accidente de terreno que, previo a evidenciarse como el colapso de una masa dentro de una oquedad, es una masa de suelo/roca que disminuye su masa y autosustentabilidad, generalmente por un tiempo considerable, ya sea por disolución, lavado o excavación de la masa de material de roca o suelo bajo la superficie del terreno”, indicó. Lo peligroso, agregó, “es que la oquedad que se forma queda tapada por una capa en superficie del mismo material, un pavimento, o un radier, quedando una estructura colgante, la cual eventualmente colapsa por gravedad o sobrecarga dentro de la oquedad que se forma”. 

El profesor Ochoa asegura que las causas pueden ser naturales o producidas por actividades humanas. En el caso más reciente, el de Tierra Amarilla, la comunidad local advierte que sería por la actividad minera de la zona. “Los socavones pueden producirse como resultado de eventos naturales, así como también inducidos por acciones humanas. En ese contexto, actividades que la humanidad realiza en profundidad, como minería, construcción, entre otras, pueden tener efectos. Si bien estas actividades son desarrolladas bajo condiciones controladas y seguras, el alto nivel de incerteza asociada a los fenómenos que involucran materiales complejos, como los suelos y rocas, pueden inducir eventos inesperados, con diferentes grados de impacto”.

En ese contexto, y a modo de ejemplo, comentó que “una cañería con un bajo nivel de mantención podría inducir la ocurrencia de un socavón. Entender las causas de un socavón, así como las acciones que se deben tomar para evitarlos, son importantes al momento de estudiar estos fenómenos y medidas de reparación”, sostuvo.  

Linda Daniele, académica del Departamento de Geología de la misma unidad académica de la U. de Chile, plantea que los socavones se producen principalmente por situaciones antrópicas, es decir, por la actividad humana. En esta línea, indica que estos eventos suceden cuando se modifican los equilibrios hidrodinámicos entre dos acuíferos superpuestos. 

“Los cambios que ocurren en el subsuelo afectan a la estabilidad de la litología y de las aguas que están ahí, y en lo ocurrido en Tierra Amarilla claramente se ha abierto una conexión entre el agua más superficial y la roca que hospedaba el agua más profunda. Se ha generado un desequilibrio hidrodinámico entre los dos acuíferos por la actividad humana ejercida que ha llevado a un colapso de la parte superior”, explicó la doctora en Hidrogeología.  

En la zona norte del país, afirma, ya se han registrado eventos similares anteriormente, y lo más probable es que vuelvan a ocurrir. “No es la primera vez que pasa en este mismo lugar, y lo más probable es que no sea la última ocasión, pues cuando se modifica el subsuelo, se alteran las propiedades de la roca, creando inestabilidad que -con las variaciones en el agua- generan un desequilibrio que se puede trasladar hasta la superficie, como este gran socavón”, añadió la académica del Departamento de Geología. 

La expectación que ha producido el último evento registrado en el norte de Chile ha relevado la preocupación de si un evento así puede ocurrir en pleno Centro de Santiago, como el ocurrido en 2020 en la Alameda, frente a la Universidad de Chile, y si es posible predecirlos. 

“Existen varias evidencias que podrían hacer sospechar de la existencia de un socavón. En ese contexto, evidencias de depresión del terreno -muchas veces de forma circular- pueden ser una observación previa a la ocurrencia de un socavón. Esta depresión es con respecto al terreno circundante, así como también un aumento sostenido de dicha depresión en el tiempo. Desniveles severos en los radieres, caminos, incluso sectores localizados de alguna estructura. Muchas veces también podrían asociarse a problemas que podría estar experimentando el terreno. Generalmente, estas depresiones van acompañadas por fracturamiento en la zona perimetral de la subsidencia o depresión que se observa. Estos fracturamientos siguen patrones que pueden generar formas regulares como un círculo, por ejemplo”, complementó el doctor Ochoa. 

Ahora, en terrenos naturales, donde existen grandes cuerpos de agua, muchas veces se observan bajas significativas en los niveles de agua de ese sector, lo que podría atribuirse a existencias de socavones en el sector. 

Una de las dudas que surge ante la impresionante visión de estos agujeros es si se pueden reparar o quedan así para el futuro. “Antes de definir un plan de acción para reparar un socavón, lo primero que se debe realizar es un análisis que permita identificar las causas que originan el socavón, así como también definir si el socavón podría seguir creciendo. Por ejemplo, si un socavón ha sido producido por una presencia abrupta e inesperada de agua, lo más importante es evitar que el agua vuelva al sector, lo que implica acciones de aislación del terreno para que el agua no llegue a los sectores afectados previamente por el socavón. Solo una vez que se ha aislado correctamente el lugar de la acción del agua, es posible rellenar con material de buena calidad, compactarlo correctamente, y verificar que la reparación cumple con los estándares de construcción que garanticen que la situación no se repetirá nuevamente”, precisó el académico del Departamento de Ingeniería Civil de la U. de Chile.

Esto estará determinado por los tamaños involucrados, así como por los recursos disponibles para que una correcta reparación pueda ser realizada. “Otro ejemplo podría ser el caso en el cual se sospeche que podría generarse un socavón producto de una excavación subterránea. En dicha situación, lo que se debe hacer es reforzar la zona de la excavación, de manera que esta sea capaz de resistir correctamente el sobrepeso colgante que queda sobre la excavación, la cual podría inducir la ocurrencia del socavón”, finalizó el especialista.  

Tratamientos para combatir las alergias primaverales

“Una alergia estacional es aquella que se produce durante una estación específica del año, generalmente es la primavera. El peak en nuestro país generalmente ocurre en la época de la polinización, lo cual es clásicamente durante septiembre, pero eso se puede desplazar antes o después dependiendo del año y del momento que se produzca la polinización”, explicó el Dr. Rodolfo Nazar, otorrinolaringólogo de la unidad de Rinologia del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.

Efectivamente, a medida que cambia nuestro paisaje, con el aumento de temperatura y la mayor circulación de alérgenos, señales inequívocas de la llegada de primavera, muchos y muchas comienzan a sufrir con sus síntomas. Incluso, según explica la doctora Valeria Palma, profesora asistente e integrante de la unidad de Inmunología, Alergia y VIH del Hospital Clínico de la U. de Chile, este proceso se adelanta para los meses de julio y agosto en quienes sufren con los alérgenos del pasto.

La doctora Palma explicó que “la rinitis alérgica se caracteriza por picazón nasal, en los ojos, incluso algunos pacientes desarrollan picor ótico, o sea del oído, también faríngeo. Es clásico de los pacientes alérgicos la picazón y el estornudo. Lo otro es la rinorrea, o sea la mucosidad que puede producir este proceso inflamatorio alérgico en la nariz, como la congestión nasal”. Además, dice que personas con cuadros más complejos “en primavera tienen rinitis alérgica, pero tienen asociada alguna hiperreactividad bronquial o alguna asma asociada a su rinitis, y hacen síntomas bronquiales en relación a la alergia. Pecho más apretado, obstrucción bronquial y tos”.

A su vez, el doctor Nazar hace la diferencia entre una alergia y una gripe o incluso el COVID-19. Lo primero que dice es que una alergia es un cuadro que se repite año a año, por lo que la historia clínica del paciente es relevante. “Una alergia no cursa con fiebre, tampoco con compromiso del estado general, no tiene dolores musculares, dolores articulares (…) Sí puede compartir con estos cuadros infecciosos síntomas como mucosidad y obstrucción nasal, como alteraciones del olfato y, sobre todo con el tema del COVID, está la pérdida del olfato, que puede ser algo que confunda un poco, pero en el fondo estos síntomas son mientras dure la temporada de alergia”.

El otorrinolaringólogo los divide en 3 ejes. Primero, tomar medidas que nos permitan evitar el contacto con alérgenos. Para esto, recomienda el especialista, “cerrar las ventanas durante la tarde, cuando se produce mayor entrada de alérgenos por la polinización, y el uso de mascarilla, que ahora estamos acostumbrados a utilizar por el COVID-19, nos ayuda”.

Luego, plantea los fármacos como una solución, como los llamados antihistamínicos. “Tienen un efecto sobre la picazón de nariz, los estornudos, la picazón en general. El otro grupo de fármacos que se usan son los corticoides nasales, que son inhaladores que se ponen en la nariz con un muy buen efecto sobre la obstrucción nasal, sobre la mucosidad y también sobre la mejoría del olfato”.

Finalmente, mencionó la inmunoterapia, que “consiste en la exposición progresiva de la sustancia alérgica en el paciente, cosa de desarrollar un inmunotolerancia. Es decir, estas dosis lenta y crecientemente progresiva en el paciente van a generar una modulación de la respuesta inmune, que va a tener un efecto más duradero en el tiempo”.

La doctora Valeria Palma explicó que son tratamientos que pueden extenderse entre tres a cinco años, con efectos de hasta 15 años. En el caso de una persona, que por ejemplo tenga alergia al pasto, “se fabrica una vacuna que tiene justamente pólenes de pasto a los cuales el paciente es alérgico y se administra subcutánea una vez al mes. Lo que induce en el paciente es una especie de tolerancia”.

La especialista detalló que “la inmunoterapia se administra de forma subcutánea, que es lo clásico que nosotros usamos, pero también tiene una formulación que es sublingual, o sea debajo de la lengua, donde se aplica una dosis diaria a través de un spray”.  

Modelo actualizado de la subducción advierte acumulación de energía sísmica en Antofagasta

Un nuevo método para estimar el grado de acoplamiento o potencial sísmico a lo largo de la interfaz de las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana, entre las ciudades de Antofagasta y La Serena, desarrollaron los investigadores del Departamento de Geofísica (DGF) de la Universidad de Chile, Francisco Ortega Culaciati y Vicente Yáñez Cuadra. El trabajo, publicado por la revista Geophysical Research Letters, busca contribuir a un estudio más detallado del peligro sísmico en Chile.

“Calcular el acoplamiento entre placas tectónicas es un desafío que se aborda como un problema inverso porque, pese a ocurrir a decenas de kilómetros de profundidad, se debe estimar a partir de mediciones de movimientos en la superficie de la tierra”, explicó el académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y coautor del estudio, Francisco Ortega Culaciati, sobre esta propuesta que plantea un cálculo conjunto de un nuevo modelo de acoplamiento del margen de subducción chileno y de la deformación y rotación de la placa continental Sudamericana.

El profesor de la Universidad de Chile argumentó que esta tarea suele ser especialmente compleja, no solo porque las observaciones contienen ruido, sino también porque su análisis debe considerar los efectos de los movimientos de los grandes terremotos y de procesos tectónicos y geológicos, como el acoplamiento entre placas tectónicas, la rotación y traslación de microplacas tectónicas, las deformaciones en el manto terrestre; y el alzamiento de la cordillera de Los Andes.

“Si bien investigaciones anteriores habían modelado el acoplamiento entre placas tectónicas en conjunto con la microplaca tectónica de los Andes como macizo rígido, estudios posteriores comenzaron a plantear ciertas limitaciones en esta hipótesis”, afirmó el profesor Ortega Culaciati. De esta manera, a través de herramientas matemáticas y computacionales de última generación, los investigadores se propusieron abordar el problema mediante un análisis del grado de acoplamiento de las placas de Nazca y Sudamericana que considerara una componente de deformación sumada al movimiento rígido continental.

“Durante este proceso fue necesario realizar numerosas pruebas y comparar los resultados que íbamos obteniendo con los de otras metodologías para poder respaldar con argumentos físicos y matemáticos que, efectivamente, nuestra propuesta era mejor”, sostuvo el investigador del DGF y del proyecto PRECURSOR, Vicente Yáñez Cuadra. Como resultado, se obtuvo un modelo de acoplamiento de la zona de estudio “estadísticamente significativo y bastante más robusto que los obtenidos hasta ahora, ya que permite interpretar de mejor manera cómo se acumula la energía que eventualmente se libera durante un gran terremoto”, añadió el egresado del Magíster en Ciencias con mención Geofísica, Vicente Yáñez Cuadra.

Entre los hallazgos más importantes del estudio, ambos investigadores destacaron la alta acumulación de energía sísmica que existiría en la zona más somera del contacto entre placas tectónicas frente a las costas de Antofagasta (sobre el área que rompió el terremoto de magnitud 8.0 ocurrido en 1995) y dos áreas de alto acoplamiento entre placas tectónicas: la primera ubicada entre Taltal y Copiapó; y la segunda, entre Vallenar y La Serena.

Sobre este último punto, el profesor Francisco Ortega Culaciati recordó que “la laguna sísmica de Atacama ha sido afectada por los terremotos de 1819 y 1922, ambos separados por un rango de tiempo de casi 100 años”. Por esta razón, agregó el académico, “si bien no es posible predecir cuándo será el próximo gran terremoto en la zona, es razonable esperar que la energía acumulada desde 1922 sea liberada en algún momento en el futuro”.

La investigación para la tesis de magíster “Deformación intersísmica y acoplamiento interplaca a partir de datos GNSS en la brecha sísmica de la Región de Atacama” fue financiada por los proyectos Núcleo Milenio CYCLO y Fondecyt Regular 1181479. La segunda parte de este trabajo, que permitió elaborar el artículo “Interplate Coupling and Seismic Potential in the Atacama Seismic Gap (Chile): Dismissing a Rigid Andean Sliver”, contó además con el financiamiento del Proyecto Anillo PRECURSOR ACT-192168.